Los padres acusados de torturar a su hijo aseguran que nunca vieron las 57 cicatrices que tiene el niño

Actualizado 24/11/2010 15:59:04 CET

BARCELONA, 24 Nov. (EUROPA PRESS) -

Los padres acusados de torturar a su hijo pegándole con un cable de la televisión han asegurado que nunca vieron las 57 cicatrices que el menor, de nueve años, tiene en brazos, piernas, barriga y espalda.

En el juicio celebrado en la Audiencia de Barcelona este miércoles, el matrimonio, de nacionalidad guineana y polígamos, han negado haber pegado al niño, que era hijo de él y de otra mujer, y convivía con ellos en Calaf desde el 2006.

En un vídeo grabado con las psicólogas y mostrado en el juicio, el menor explica que le pegaban "casi cada día" cuando no rezaba, cuando veía la televisión, porque lloraba su hermana pequeña o cuando volvía tarde de jugar a fútbol.

Lo hacían con un cable "gordo" de la televisión que tenían guardado en un armario, según asegura el niño, que afirma que no sabe porque se lo hacían.

El niño, que pasó a vivir en un centro de menores y ahora reside con sus tíos, también ha especificado que, en una ocasión, cuando orinaba de pie, su padre --que le obligaba a hacerlo sentado-- le vio y calentó un cuchillo para quemarle después las piernas. Ha explicado que se lo contó a su hermano y luego a la policía.

DECLARACIONES CONFUSAS

Los padres, que han necesitado un traductor y han declarado de forma muy confusa, han negado todas las acusaciones. El padre ha explicado que trabajaba mucho, y que el día de las quemaduras estaba en el trabajo, mientras que la madre ha asegurado que el niño no dejaba que se acercara a él, y que nunca le vio desnudo, por lo que no vio las cicatrices lineales que el menor presenta en todo su cuerpo.

La mujer ha dicho que el niño no la trataba como madre y no tenían ninguna relación, pese a que en su declaración el menor se refiere a ella en todo momento como "mamá".

También ha testificado el hermano mayor, que en el momento tenía entre 17 y 18 años, que ha explicado que delante suyo solo pegaron al niño una vez y que exigió "que no volviera a pasar nunca más", aunque ha reconocido que el niño le explicaba que le habían pegado otras veces.

El agente de los Mossos d'Esquadra que acudió al domicilio ha explicado que, en cuanto separaron a la madre, fue el propio menor quien se dirigió a él para explicarle que sus padres le pegaban.

Los peritos han descrito al menor como un niño "parco en palabras pero muy claro" y destacan que en sus explicaciones no se distinguen fabulaciones ni presiones externas.

Han asegurado que los primeros meses el menor tenía mucho miedo de los acusados pero que con los meses accedió a reunirse con ellos, siempre en presencia de un tutor. Los padres han pedido perdón al menor en varias conversaciones tuteladas por especialistas.

El fiscal ha aumentado la pena solicitada de 11 a 12 años por un delito de tortura en concurso con un delito de maltrato, un delito de lesiones agravadas por deformidad y uno de maltrato habitual, mientras que las defensas piden la absolución.

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