El TS condenó a 10 años de cárcel a los gestores de una empresa de inversión de bienes tangibles por estafa en 2002

 

El TS condenó a 10 años de cárcel a los gestores de una empresa de inversión de bienes tangibles por estafa en 2002

Actualizado 10/05/2006 19:31:52 CET

MADRID, 10 May. (EUROPA PRESS) -

El Tribunal Supremo confirmó en diciembre de 2002 la condena a diez años de cárcel dictada por la Audiencia Provincial de Madrid contra los hermanos Juan Miguel y Montserrat Martínez Abella por un delito de "estafa en cantidad especialmente grave" cometido contra cientos de clientes de su sociedad, denominada Geyfisa Filatelia S.A.. La compañía captaba capitales que invertía en la compra-venta de valores filatélicos, y que se declaró en suspensión de pagos en 1993.

La sociedad Geyfisa, cuya actividad era similar a la de las empresas Afinsa y Forum Filatélico, que están siendo investigadas en la Audiencia Nacional, fue creada en 1981 con un capital social de cinco millones de pesetas, que se elevó a diez millones en 1992.

La actividad de esta empresa, según la sentencia de la Audiencia de Madrid, se centró primordialmente en la captación de capitales, colocados contra el percibo de un interés anual, con los que formar un fondo filatélico que, según informaban a los inversores, "había de revalorizarse extraordinariamente en el futuro", a un plazo calculado entre 12 y 15 años.

El equivalente dinerario que se asignaba a los valores filatélicos que constituían el lote recibido por el cliente nunca se fijaba en más de la mitad del que se señalaba en los catálogos de mayor prestigio en filatelia, y en muchos casos era inferior hasta cuatro veces este valor, según los hechos probados de la sentencia condenatoria.

Los hermanos ocultaban este hecho a los clientes, así como los riesgos de la operación, que se les presentaba como "extraordinariamente segura" incluso cuando, ya en 1993, carecían de liquidez para hacer frente al pago de los intereses, estimulándolos a no retirar las cantidades invertidas y aún a realizar nuevas inversiones, "cuya devolución eran conscientes de no estar en condiciones de garantizar".

CONTACTOS PERSONALES.

En el caso de Geyfisa, los inversores fueron captados en una campaña basada fundamentalmente en contactos personales, atraídos por el tipo de interés ofrecido y por la apariencia de honradez de los Martínez Abella. El total de las inversiones hechas por los clientes de esta sociedad superó los 6.600 millones de pesetas.

Dada la escasa relevancia económica de las actividades de compra y venta de los valores y otros objetos filatélicos por parte de Geyfisa -desarrollada en una tienda abierta al público en el edificio número 29 de la madrileña calle de Alberto Alcocer-, "el pago de los intereses se hacía con cargo al capital invertido por sus clientes, extremo que se les ocultaba al hacer su aportación dineraria".

En este caso, el valor del fondo filatélico adquirido por la compañía no superó los 1.231,6 millones de pesetas, si bien los hermanos le habían asignado un valor de 5.521 millones. "Ante la imposibilidad e hacer frente al abono de los intereses adeudados (...) a partir del mes de junio de 1993 suspendieron definitivamente el pago de sus intereses, así como las devoluciones de capital invertido", señaló la Audiencia de Madrid.

TRAMA DESTINADA AL LUCRO.

El Tribunal Supremo desestimó el recurso interpuesto por los Martínez Abella contra la condena dictada por la Audiencia de Madrid, señalando que su modo de operar consistió en "la captación masiva de dinero a un elevado número de personas, a las que se hizo creer que sus fondos iban a ser eficazmente invertidos de forma que les permitiría obtener una alta rentabilidad, cuando lo cierto es que la estrategia desarrollada por aquéllos lo hacía objetivamente imposible". Lo que se reprochaba penalmente a los inculpados no fue la falta de transparencia en la gestión, sino "el diseño, por parte de los acusados, de una trama destinada, ya en su origen, no a rentabilizar en términos técnicamente plausibles el dinero recibido de los inversores (...), sino, directamente, al propio lucro de los primeros sin contrapartidas reales para éstos últimos".

En la sentencia contra Geyfisa, el Supremo subrayaba que la empresa, dados los términos en que había sido proyectada, "tenía necesariamente que defraudar la buena fe de los inversores mediante una doble ficción: que el lote de sellos adquiridos con su inversión era de un valor muy sensiblemente superior al real y que lo abonado como intereses tenía esa condición, cuando lo cierto es que era dinero procedente de otras aportaciones".

En este caso, por tanto, "la única posible viabilidad del negocio consistía en reproducir 'ad infinitum' esa misma práctica defraudatoria con nuevos clientes, cuyas aportaciones pudieran ser utilizadas para alimentar semejante dinámica, en la que, es por lo demás obvio, una parte muy sustancial de los fondos así captados fue directamente apropiada por los ahora recurrentes".

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