Investigadores de la UPNA crean un protocolo para prevenir y afrontar agresiones a los profesionales sanitarios

Publicado 18/03/2018 17:07:34CET

PAMPLONA, 18 Mar. (EUROPA PRESS) -

Alfonso Arteaga, profesor de la Universidad Pública de Navarra, y María Altemir, enfermera en el hospital de Barbastro y graduada en Enfermería por la UPNA, han creado un protocolo de actuación para prevenir y afrontar agresiones al personal sanitario. Este protocolo forma parte del artículo científico publicado recientemente por la revista Enfermería Clínica, del grupo Elsevier.

Según explican en un comunicado, tras realizar una revisión de los principales estudios llevados a cabo hasta la fecha sobre el fenómeno de las agresiones al personal sanitario, el protocolo propuesto "es un instrumento de sencillo manejo para las personas que trabajan en el sector sanitario, de modo que pueda ser consultado y aplicado de manera ágil y sencilla".

En cualquier caso, los autores de este protocolo hacen hincapié en que, "además de proporcionar y explicar este instrumento a los profesionales, resulta aconsejable que se lleven a cabo acciones formativas complementarias, incluyendo técnicas conductuales y de comunicación, en las que se explique y entrene en el manejo de las distintas estrategias que se exponen en dicho protocolo".

En este sentido, Alfonso Arteaga lleva varios años colaborando con el Servicio Navarro de Salud, impartiendo formación dirigida a profesionales sanitarios con el objetivo de que puedan manejar adecuadamente situaciones adversas con pacientes difíciles o agresivos.

A diferencia de otros protocolos existentes en nuestro país y que están orientados hacia cómo actuar cuando ya se ha sufrido la agresión, María Altemir y Alfonso Arteaga establecen una serie de pautas que deberían ser tenidas en cuenta ante distintas situaciones de riesgo con los pacientes.

Por un lado, se indican pautas preventivas, que ayuden a evitar conductas agresivas. Se incluyen aquí, entre otras, tanto pautas relacionadas con la organización de los servicios (evitar salas de espera demasiado pequeñas o no acondicionadas, evitar acumulación de pacientes en los pasillos, evitar interrupciones en las consultas, evitar fallos burocráticos de horarios, trámites, etc) como pautas para detectar la hostilidad (identificar señales como deambulación ansiosa, cambios bruscos de actividad, posturas y gestos, expresiones malsonantes, provocadoras o amenazantes, lenguaje no verbal, interrupciones al interlocutor, etc.).

Por otro lado, el protocolo propone distintas estrategias que puedan ayudar a abordar la conducta hostil y a controlarla, desde el punto de vista de la comunicación verbal y no verbal y con estrategias de control (por ejemplo, colocarse fuera del espacio personal de la persona hostil, no dar la espalda, evitar presencia de 'espectadores').

El protocolo indica también qué aspectos hay que evitar ante una persona hostil y finaliza con el procedimiento que debe seguirse en caso de que se reciba una agresión.

Los autores clasifican en tres grupos los factores que facilitan o propician la violencia en el ámbito sanitario: los que dependen del propio paciente (carácter, alteraciones psicológicas, barreras comunicacionales, etc.); los que dependen del profesional sanitario, tanto por sus características personales (carácter, alteraciones y problemas, falta de habilidades, etc.) como por sus circunstancias laborales (estrés, insatisfacción, experiencias negativas previas); y los que dependen del entorno o contexto y que tienen que ver bien con características organizativas (tiempos de espera, políticas y normas del centro, etc.), bien con los recursos de los centros (disponibilidad de un médico, cantidad de personal en horarios de noche, fin de semana, etc.).

LAS ENFERMERAS, COLECTIVO CON UNA DE LAS MAYORES TASAS DE AGRESIONES

El trabajo recoge datos de diferentes estudios realizados en España y otros países sobre agresiones al personal sanitario, siendo el colectivo de enfermeras uno de los que mayores tasas de agresiones presenta. Según la Organización Colegial de Enfermería, en España, en el transcurso de un año, el 33% de las enfermeras habían sufrido alguna agresión física o verbal. Además, la persona agresora era en el 49,8% de los casos un familiar o acompañante, en el 47,3% el propio paciente y en el 2,9%, otra persona.

Si bien todas las categorías profesionales del sector salud están expuestas a la violencia laboral, las enfermeras, y concretamente las que trabajan en servicios de emergencias, hospitales psiquiátricos, unidades de ancianos y centros de rehabilitación de adictos, son quienes presentan mayor riesgo de sufrir agresiones