Cómo acabar con la universidad

MADRID, 24 Jul. (OTR/PRESS) -

   Hay emprendedores que convierten en oro todo lo que tocan y otros que acumulan fracaso tras fracaso. Cuando las personas se juegan su dinero y no engañan a terceros, el fracaso es casi siempre un acicate para volver a intentarlo. En Estados Unidos, el empresario que no ha fracasado dos o tres veces antes de triunfar no tiene buena reputación. Sólo pasa allí. En España, los empresarios -los únicos que de verdad crean empleo- son casi siempre los malos de la película y en lugar de apoyarles les ponemos trabas. En general derribamos a los ídolos con la misma facilidad con que los encumbramos.

   En política es parecido. Todavía estamos buscando alguna razón para que Zapatero fuera el "dueño" del PSOE, del Gobierno y del país y todos los que hoy reconocen cómo nos dejó, le rindieran pleitesía y guardaran silencio ante sus tremendos errores, trufados de algún acierto. Un desastre sin paliativos que nos ha costado destruir medio Estado del Bienestar y dejar malherido el otro medio. Hay cosas con las que no deberían dejar jugar al que no está preparado.

   En el campo de la Universidad juegan demasiados que no saben. Es un problema de gestión, de servicio a la sociedad, de formación de élites, de preparación de profesionales y de investigación. Hay que gastarse mucho dinero en la Universidad y en la investigación para poder tener un país de primera fila. Pero hay que gastárselo bien, ser transparentes y rendir cuentas. En la mayor parte de las Universidades no se hace alguna de esas cosas y en casi ninguna las tres juntas. Ahora el Ministerio de Educación va a dejar libertad a las Universidades para que elijan si las carreras tienen cuatro años o sólo tres, frente a los cinco que tenían antes del Plan Bolonia, o los seis de Medicina, MIR aparte. Si los estudiantes salían insuficientemente preparados con cinco cursos, imaginen lo que puede ser un ingeniero, un arquitecto o un abogado con tres, de octubre a mayo, sin contar las vacaciones.

   Lo de los grados de tres años tiene trampa. Serán cuatro años y un máster de uno o tres y un máster de dos. Y éstos a precio de lujo. Dicen los rectores que no debemos metemos en eso sin acabar de implantar Bolonia. Y responde el Ministerio que es para fortalecer la ¡autonomía! de la Universidad. ¿Cómo se puede hablar de autonomía en una institución cuyo 99 por ciento de los ingresos depende del dinero de los contribuyentes, vía presupuestos?

   Ese mismo Ministerio pretendía acotar los excesos en la creación de Universidades que nos han llevado a tener 50 públicas y 32 privadas -20 nuevas desde 1997- casi dos por ciudad española, 80 Facultades sólo de Derecho... Pero, al parecer han llegado a la conclusión de que van a reducir los requisitos básicos exigibles para crearlas. ¿Cómo vamos a tener crédito internacional si las que hay no funcionan y vamos a poner barra libre con alcohol de garrafa? Estos romanos están locos.


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