Guantánamo 10-Haití,2

MADRID, 13 Ene. (OTR/PRESS) -

   Desde hace diez años, la cárcel "negra" de Guantánamo es una vergüenza no sólo para Estados Unidos sino para el mundo, para las Naciones Unidas, para todas las organizaciones de Derechos Humanos. Cientos de prisioneros, de los que todavía más de setenta siguen encarcelados allí sin haber sido sometidos a juicio ni, en muchos casos, ser acusados formalmente de nada, suponen un alegato sobre la falta de respeto sistemático a los derechos humanos más fundamentales. Las detenciones secretas e ilegales, en muchos casos, las torturas o las desapariciones de personas sin ser sometidas a juicio, sin defensa y sin justicia claman al cielo.

   Hace tres años, el presidente Obama en su primera entrevista como presidente electo afirmó que anunciaría el cierre de la base militar de Guantánamo a la mayor brevedad posible como parte del "esfuerzo" que su Gobierno pondría en marcha para  restaurar la autoridad moral de su país en el mundo. "He dicho reiteradamente que EEUU no tortura y me aseguraré de que no torturamos", insistió entonces.  ¿Qué ha sido de su compromiso? Obama ha sido capaz de retirar sus tropas de Irak, otra promesa de aquél momento, pero Guantánamo sigue siendo un lugar donde se violan los derechos humanos cada día, cada hora, cada minuto. Y el mundo no puede callar. Ni Obama puede olvidar su promesa.

   Hace dos años, Haití, el país más pobre del continente americano donde el 75 por de la población vivía con menos de 2 dólares al día, sufrió un terrible terremoto que provocó la muerte de 220.000 personas. Dos años después Haití sigue viviendo entre escombros -cinco millones de metros cúbicos sin retirar, la mitad de los que generó el terremoto-. Más de 500.000 personas, del millón y medio que se quedó sin hogar, sigue viviendo en tiendas de campaña en campos de emergencia. 4,5 millones de habitantes padecen escasez de alimentos, no disponen de agua corriente y otros servicios básicos, el cólera ha provocado más de 7.000 muertes y el 60 por ciento de la población sigue en el desempleo.

   La comunidad internacional sólo ha aportado el 43 por ciento de los 4.600 millones de dólares comprometidos, aun así mucho dinero, pero funcionarios corruptos siguen frenando la rehabilitación y el nuevo presidente haitiano, el cantante Martelly, no consigue mejorar casi nada. Ni siquiera la esperanza.

   El mundo se ha olvidado de Guantánamo y de Haití. Pero Haití sigue siendo el más pobre de los pobres y Guantánamo la vergüenza de los derechos humanos. El polaco Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista, Premio Príncipe de Asturias 2010 dice que "hoy nuestra única certeza es la incertidumbre". En algunos lugares del mundo no hay incertidumbre. Saben que están condenados para siempre y que la justicia no existe. Y nosotros miramos hacia otro lado. francisco.muro@planalfa.es


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