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No es un derecho.

MADRID, 16 Abr. (OTR/PRESS) -

   No es un derecho. No puede serlo. La Constitución protege el derecho a la vida, no el derecho a la muerte. El Partido Popular acaba de proponer una reforma de la Ley del aborto del PSOE, la llamada ley Aido -lo único por lo que se recuerda a esta ministra-, que no contenta a sus votantes y que disgusta a los que defienden que el aborto es un derecho de la mujer.

   Personalmente me parece que toda esta acción del Partido Popular es una enorme hipocresía. Es otra promesa del programa electoral, la primera que pusieron en marcha tras su victoria electoral, que no van a cumplir. Al margen de la desafortunada gestión de este asunto por parte de Alberto Ruiz Gallardón -también en esto se equivocó- el Partido Popular ha cambiado principios por votos, ideales por escaños. Ya veremos si les da resultado. Va a sancionar a los cinco parlamentarios que, haciendo uso de su conciencia, no quisieron votar esa reforma falaz de la ley. Aunque sólo una diputada hizo uso de lo que debería ser norma: la libertad de voto, ya que los otros cuatro se abstuvieron.

    Es una hipocresía compartida por muchos. Los miembros del Tribunal Constitucional, por ejemplo, que han retrasado años  injustificadamente una decisión a la que están moral y legalmente obligados, a la espera de que el partido en el Gobierno tomara una decisión. Una hipocresía por parte de todos los diputados del PP y de otras formaciones que, aun creyendo que el aborto es un crimen, no se atreven a decirlo públicamente ni a defender sus principios. Una hipocresía de amplios sectores de la sociedad que defienden la vida pero no son consecuentes con lo que piensan y miran para otro lado. "Vive como piensas o acabarás pensando como vives", decía, creo, Ghandi.

   Hipocresía de un Gobierno -y de los anteriores- que han sido incapaces de garantizar a toda mujer que quiera tener un hijo que cuenta con las ayudas suficientes para hacerlo. Hipocresía de los que, pudiendo haber cambiado la situación, han permitido que tener un hijo, sin ayudas familiares, sea hoy una heroicidad. Hipocresía de todos los que, pudiendo, no han hecho nada para abordar una educación sexual en las escuelas que impida que el aborto se haya convertido en muchos casos, en un método anticonceptivo. Hipocresía de quienes han puesto la comodidad y el placer por encima del sagrado derecho a la vida.

   Decía el padre Garralda que una mujer embarazada es ya una madre, porque tiene en su cuerpo a su hijo y, aunque aborte, nunca ya dejará de ser madre. Y el dolor de una decisión como ésta, si no se banaliza como pretenden y consiguen muchos, forma parte para siempre del ADN de las mujeres que han abortado. Mi reproche no es para las mujeres que toman esa decisión, aunque en muchos casos pudieran haberla evitado. Lo es para los que pudiendo haber hecho algo no han hecho nada y han desprotegido a cientos de miles de niños. Y para todos los que en lugar de defender el derecho a la vida, defienden que matar a inocentes sea un derecho. El derecho a la vida es innegociable.



 

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