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Obsesionados por las redes.

MADRID, 2 Mar. (OTR/PRESS) -

   Por las redes y por las nuevas tecnologías. Y en medio de un gran debate sobre su uso en las aulas. La extensión de las nuevas tecnologías es un hecho imparable, positivo, imprescindible que nos permite el acceso al conocimiento, que está abaratando y simplificando multitud de procesos, que es la única herramienta que puede ayudar a reducir la desigualdad creciente entre los que tienen mucho y los que no tienen nada. ¿Todo positivo? La exdirectora del New York Times -otro sector amenazado por la supuesta sustitución del papel por lo digital- aunque reconoce que sus hijos, y los de casi todos, ya no leen un periódico en papel, asegura que estamos "obsesionados con el click". Lo queremos todo ya, a un solo click mejor a que a dos y con la misma prisa saltamos de una cosa a otra, con escasa profundidad.

   En las aulas se da hoy una polémica interesante. En Galicia y Castilla y León se ha prohibido por ley el uso de los teléfonos móviles en las clases por entender que los alumnos lo usan para todo menos para lo relacionado con la enseñanza. Pero algunos expertos señalan que la escuela no mejorará hasta que el profesor no empiece las clases diciendo: "encended los teléfonos móviles" en lugar de "apagadlos", como antes pasó con las calculadoras, porque los niños aprenden casi desde que nacen a vivir y a aprender con dispositivos móviles. Hoy existen más de 80.000 aplicaciones móviles educativas gratuitas que pueden ayudar a mejorar la motivación del alumno. ¿Eso está mejorando el nivel medio de los alumnos? Un reciente estudio realizado a niños de 13 años en 21 países indica que sólo el 2 por ciento de los alumnos distingue la información relevante en Internet. Y luego está el problema de los profesores que, en su mayoría no son nativos digitales, pero que, incluso, no tienen las herramientas digitales para usar los nuevos recursos de que disponen en el aula. Tampoco está probado  que la mayor inversión tecnológica para la educación se traduzca en mejoras en los resultados de los estudiantes, como se demuestra en Finlandia, Japón o Corea del Sur, por ejemplo.

   Lo mismo sucede en las redes sociales. Hay quien "mata" por un trending topic, aunque haya muchas decenas al día y su valor sea tan pasajero como, en términos generales, de escaso impacto en la toma de decisiones. Hay muchos que se pasan el día tuiteando todo lo que hacen como si eso interesara de verdad a alguien. Siete de cada diez jóvenes españoles disponen de conexión móvil a internet y algunos están todo el día, dándole al dedo como si no existiera otra cosa. Los españoles somos líderes europeos en el uso del whatsapp, en llamadas por internet o en la compra de smartphones, lo que se compadece mal con la situación de crisis. Pero la mayoría no busca información o formación, sino diversión. El problema no es usarlo, sino hacerlo compulsivamente, sustituir la reflexión por la acción y divinizar ese uso. Si no estamos, parece que no somos. Ese es el problema.



 

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