Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 11/03/2010
Victoria Lafora

Familias ejemplares.

MADRID, 11 Mar. (OTR/PRESS) -

   Soportar que una hija, un marido, un hermano permanezca secuestrado en manos de Al Qaeda desde el 29 de noviembre, y guardar el prudente silencio y la discreción de la que han hecho gala sus familias es casi un acto de heroísmo.

   Ayer, Alicia Gamez, una de los tres cooperantes catalanes secuestrados en Mauritania, fue liberada para alegría de los suyos y de todos los españoles. En Mali quedan Albert Vilalta y Roque Pascual cuya liberación, según el Gobierno, también podría estar cerca.

   En secuestros tan complicados como este, cuando hay un grupo terrorista por medio que exige la liberación de rehenes presos en un tercer país, las gestiones diplomáticas exigen la máxima reserva y prudencia.

   La rama de Al Qaeda del Magreb ha demostrado en anteriores secuestros que no les tiembla el pulso a la hora de cortar el cuello a sus víctimas si no se cede a sus exigencias. Solo las buenas relaciones con los dirigentes de la zona, Argelia, Mali y Mauritania, han permitido a los enviados del Ministerio de Asuntos Exteriores español contactar con los líderes tribales intermediarios con los terroristas.

   Zapatero se negó ayer a hablar de pago de rescate. Mientras dos españoles sigan en manos de los terroristas salafistas la forma de conseguir su liberación no debe ser objeto de debate político.

   Es hora de apoyar a las familias de Vilalta y Pascual para que sigan manteniendo la paciencia y la cordura que han demostrado hasta ahora. Lo mismo se puede decir de la ONG Barcelona Acció Solidaria que de forma discreta, sin escándalos mediáticos, ha mantenido viva en la conciencia ciudadana la terrible situación que estaban atravesando sus compañeros secuestrados, uno de ellos herido.

   Ayer, al conocer la buena nueva de la liberación de Alicia Gamez, su portavoz aseguró que piensan seguir con su labor de reparto de ayuda humanitaria en el norte de África, porque solo haciéndolo ellos mismos, en camiones, pueden afrontar económicamente los costes del reparto. Fueron, además, acusados de frivolidad por abordar un viaje tan peligroso. Ahora, con el mismo valor, lo volverán a hacer asesorados por expertos porque los pueblos a los que ayudan les han pedido que no les abandonen.

   Viendo estas actitudes ejemplares no se puede evitar la comparación con lo sucedido con los familiares de los marineros del atunero Alakrana que utilizaron a su antojo a los medios de comunicación para exigir el pago del rescate y luego se negaron a comparecer cuando se produjo la liberación. Al parecer no tenían nada que agradecer pese a que el país se movilizó mientras los suyos permanecían en manos de los piratas.

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