Han bebido

 

Han bebido

Actualizado 10/05/2007 2:00:53 CET

MADRID, 10 May. (OTR/PRESS) -

La sección más ingeniosa de la disidencia oficial ha patentado realizado varios chistes graciosos estos días. El primero, el más inocuo, que ha regocijado a numerosos correligionaros del candidato pesoe a la Comunidad de Madrid, ha sido eliminar del nuevo plano de metro de Madrid una estación llamada Simancas. El segundo, macabro, la propuesta de un portavoz/portacoz para exhumar los cadáveres del 11-M. Sólo se le olvidó sugerir que la operación la supervisara Trillo.

El tercero, el mejor, ha sido la imaginación que han derrochado atribuyendo a Sarkozy una extensión de ellos mismos, un anticipo de lo que, a corto, medio o largo plazo, nos puede sobrevenir aquí. El sujeto más notable de la disidencia española escribió en "Le Figaro" que Sarkozy encarnaba los mismos valores que él. Eso fue poco después de modelar un dudoso discurso que muchos interpretaron como una defensa de la conducción en estado beodo, pero que seguramente fue otro intento de ser gracioso. En el escaparate de una librería de Lavapiés se ofrece a la venta una camiseta con la siguiente leyenda, que no es de Neruda, pero que dicho personaje y sus adláteres podrían hacer suya: "Confieso que he bebido".

Sarkozy será todo lo bueno o todo lo malo que se quiera, pero no es comparable con la caspa de la nuestra derechona. Para empezar, es un individuo que razona, y muy bien. Para continuar, articula sus ideas perfectamente sin cometer errores gramaticales. La derecha española nunca ha sido capaz de construir una mitología, se ha limitado a azuzar a su coro de verduleras.

Sarkozy que proviene de franceses densos, de derechas y de izquierdas, de Napoleón y de Blum, ha relatado a sus electores un cuento de glorias pasadas y futuras, de dignidad, de prosperidad y prestigio, de inteligencia y de coraje moral. Se esté o no de acuerdo con él, el cuento no refleja en modo alguno los gruñidos zafios de nuestra derecha. Y es imposible imaginar a Sarkozy montando manifestaciones bajo las faldas de un Rouco Varela. Un valor central e irrenunciable de la república es la laicidad. En España la derecha sólo es presentable en pequeñas dosis -Imaz, de moda tras su último desayuno madrileño-, y poco más.

El grueso de la derecha podrá homologarse perfectamente con la derecha polaca, pero desde luego no con Sarkozy. ¡Qué más quisiéramos! Zapatero, que es todo lo patoso que quiera la oposición y está trabado por los tics propios de la izquierda y por la peor política de comunicación que se recuerda en La Moncloa, se acerca mucho más, técnicamente al modelo de liberal.

Siguiendo con la laicidad, resultan sumamente edificantes los elogios de la Falange que ha derrochado cierto obispo de la triste España. Otro ejemplo de modelo polaco. Cierto es que los confesionales arrecian en todo el mundo. Lo de los islamistas es conocido; los turcos salieron a la calle hace poco a centenares en defensa de algo obvio (la manifestación de Estambul, problemáticamente apoyada por el Ejército). De Extremo Oriente llegan también noticias raras. Los budistas, que disfrutan el inmenso privilegio de una creencia sin dogmas, están descontentos con su estatus oficial. En Tailandia, monjes en túnicas azafrán organizan paseos a lomos de elefantes para exigir al gobierno que los declare religión de estado. El elefante es un animal caracterizado por la trompa. Sarkozy es abstemio.

Agustín Jiménez.

OTR Press

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