La fórmula

Actualizado 24/10/2007 2:00:26 CET

MADRID, 24 Oct. (OTR/PRESS) -

McLaren, la famosa empresa de chatarra ligera, ha culminado su ridículo en una semana que se ha cobrado la piel de numerosos presumidos. Así, el Madrid y el Barça han perdido a la vez. A la pérfida Albión le dieron la patada en rugby, la echaron de la Eurocopa en Moscú y se la pifió Mc Laren. Un "hat trick" de derrotas, según el "Times". En Francia, Cecilia se largó de casa y el presidente Nicolás logró ser original una vez más. Se acaba la pesadilla de los indistinguibles gemelos de Varsovia, con sus cabecitas semejantes a calabazas de Halloween en una película de terror. En Suiza, sin embargo, se mantienen en el poder Guillermo Tell y el reloj de cuco. Pero, francamente, a nadie le interesa lo que pase en Suiza.

Volviendo a McLaren, cuyas vicisitudes nos han hecho perder tanto tiempo. De acuerdo que cubrene una actividad tonta, pero nada reúne mejor los valores contemporáneos que el espectáculos en que una decena de carreristas, enfundados en monos de plexiglás fosforito sembrados de filacterias, se atosigan en enormes escarabajos pedorreros por un hipódromo decorado con jaculatorias a Telefónica, Vodafone, Santander y otras fábricas de codicia, excitando al personal con el ruido, tan industrial como selvático, en una gran metáfora del sistema donde sólo se hacen ricos los que llegan pronto y contaminan mucho.

Todo es cuestión de encontrar la fórmula. Lo que sorprende, en medio de tanta alharaca, es la importancia del factor humano. La Fórmula 1 de este año no parecen haberla decidido la aerodinámica sino los compadreos y los chismes. Que si dice Alonso, que si dice Dennis. Es tan verdulera como la política española, que estos días ahonda en averiguar lo que cierto rey ha dicho a cierta presidenta a propósito de cierto periodista que, guste o disguste, estaba ejerciendo su oficio.

Otra cosa que nos gustaba de la Fórmula 1 es que veíamos en ella un elogio de la precisión, la alianza de la frialdad del conductor con la tecnología más caliente. Pero hablar de estas cosas resultaría rarísimo en un país de churros y nociones capitales en que un corredor a presidente no sabe ni frenar ni acelerar, como Hamilton en Brasil, y se dispensa de pensar porque ya tiene un primo en Sevilla.

Agustín Jiménez.

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