Descontroles.

Actualizado 14/04/2012 14:01:04 CET

MADRID, 14 Abr. (OTR/PRESS) -

O yo me estoy haciendo mayor demasiado deprisa y cada año cumplo un quinquenio y me cuesta cada vez más entender la vida, o realmente esto es un descontrol donde cada uno solo tira por lo suyo y da igual caiga quien caiga. Si no, ¿cómo explicar, por empezar por algún sitio, el no del PSOE a una ley que era suya, la de Estabilidad Presupuestaria? Pues ya pueden decir lo que quieran, que no tenían ninguna razón salvo poner la zancadilla a todo el país a cambio de quedar bien ante una izquierda que no es la suya. No son cosas mías, desde Nicolás Redondo Terreros hasta columnistas nada afines a Génova, lo han considerado un error lamentable, una concesión miserable mirando más a mantener el mando en Andalucía que al futuro bienestar del estado que somos todos. Un descontrol.

Y en esas que llega Esperanza Aguirre y suelta en voz alta -que manía tiene esta chica de decir lo que piensa- que está dispuesta a devolver al Gobierno central unas cuantas soberanías autonómicas que pudieron ser hermosas en un tiempo de bonanza pero que hoy resultan insostenibles tanto para la comunidad como para el Estado. Y dicho esto, todos se llevan las manos a la cabeza y se apresuran a confirmar/reafirmar que el modelos de Estado no se va a cambiar. ¿Pero quién pide que se supriman las autonomías? Los que desde hace años entendemos que esto no funciona, no queremos volver al centralismo atroz -que en Francia parece que va bastante bien- sino sencillamente reflexionar y luego arreglar sobre lo que hemos hecho mal con el café para todos por una sencilla razón: ya no hay café y lo que ha salido es agua manchada que ha dado soluciones pero también problemas. Es absurdo mantener unas competencias que no se pueden cumplir, que salen carísimas, que enfrentan a unos y otros, que complican aun más el ya de por si complicado tinglado burocrático y que crean desigualdades. Dejemos lo bueno y ahondemos más aun en lo positivo pero tengamos el valor de reconocer lo malo y dar lo que sería no un paso atrás sino muy al contrario, un avance eliminando lo que, a todas luces, no ha funcionado o resulta a estas alturas inviable. Pero nadie quiere meter mano a eso que es, sencillamente, un descontrol.

Y mientras aquí pensamos en estas cosas, desde Argentina llegan noticias dignas del peor peronismo populista, noticias solo comparables, aunque gracias a Dios salvando la distancia de los muertos y desaparecidos, a las que se producían en la dictadura militar: como hay problemas dentro, creamos un problema exterior que una a los argentinos bajo la bandera de un atrabiliario patriotismo. Como lo de las Malvinas acabó en un vergonzosa derrota, vamos a hacer la guerra económica contra intereses de España, que eso tiene muy buena acogida y se vende muy bien. Argentina es un gran país que se empeña en votar a unos políticos corruptos y trasnochados que volverán, si siguen así, a poner en pie el corralito. Ellos verán pero lo de doña Cristiana es un descontrol.

 

OTR Press

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