El drama del PP

Actualizado 20/05/2008 2:00:48 CET

MADRID, 20 May. (OTR/PRESS) -

Nuevas escaramuzas en la guerra civil del PP confirman que el cainismo ha estallado en el seno del partido. Los pleitos de familia siempre causan daños irreparables. Por eso los más recientes intentos de reconducir los problemas que han ido estallando a cada paso, en vísperas del congreso nacional, están cayendo en saco roto. La esquizofrenia no tiene arreglo, como muy bien saben los psiquiatras. Solo se puede recurrir a los paliativos, pero el fondo del problema seguirá ahí.

El drama es que el PP está al final de un ciclo y Rajoy piensa que con ciertos retoques aún tiene recorrido. Se equivoca. Dicho en otras palabras: el aznarismo agoniza y Rajoy se equivoca si cree que, después de cuatro años ejerciendo de aznarista, es la persona indicada para reanimar este ciclo político del PP marcado por la personalidad de su fundador (re-fundador de AP en el congreso de marzo de 1990). La clave es política, cierto, porque reclama una renovación profunda del proyecto y las actitudes para ampliar la base electoral del centro-derecha y salir del aislamiento de la pasada Legislatura. Pero, sobre todo, hay de renovar a las personas. La clave de la solución a los problemas del PP es fundamentalmente generacional. Se impone el relevo. Y el líder capaz de abanderar un nuevo ciclo en la vida del PP ha de ser alguien desvinculado política y generacionalmente del aznarismo. Cuanto antes lo comprendan sus dirigentes, antes empezar a remontar de nuevo el PP.

Entretanto, se suceden los episodios de la guerra fraticida entre dirigentes del PP. Para la historia de las pequeñas mezquindades quedará, por ejemplo, la imagen de Ignacio Astarloa negando el aplauso a su compañera, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando ésta ratificaba en el Congreso la disposición del PP a cerrar filas con el Gobierno para acabar con Eta. Por suerte, son muchos más los españoles que han saludado este retorno del PP al sentido común. Sin embargo, un sector del partido ha convertido esa nueva actitud oficial del PP en un verdadero "cassus belli" para la demolición de Rajoy. Se vio en el homenaje de este fin de semana a las victimas del terrorismo en la madrileña plaza de la República Dominicana, donde los mismos que hace un año abucheaban a Zapatero ahora abucheaban a Rajoy, intercambiables en las iras de los predicadores del alba. Ruidosos actores de una descarada lucha por el poder, aunque revestida de solemnes apelaciones a los grandes principios, según la doctrina Mayor Oreja, muy activo estos últimos días como mentor político de María San Gil, a la que, por cierto, ha dejado a los pies de los caballos.

Antonio Casado.

OTR Press

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