Ibarretxe Bis

Actualizado 04/10/2007 2:00:25 CET

MADRID, 4 Oct. (OTR/PRESS) -

Al reconocer públicamente que una eventual consulta a los ciudadanos censados en el País Vasco debe tener la autorización del Estado, Ibarretxe decía este martes, por fin, algo razonable. Pero sin sentar precedente porque a renglón seguido ya volvía a desvariar sobre un sereno y fructífero acuerdo con Zapatero que abra el camino hacia el derecho de autodeterminación.

Es como si fuera sordo. Como si no hubiera oído el "va a ser que no" del presidente del Gobierno, con nueva fecha fija, la su cita del 16 de octubre en Moncloa. Por no entrar en detalles sobre dos obviedades: que ni Zapatero puede decidir semejante cosa por sí sólo en nombre del Estado, ni él puede proponerla en nombre de un País Vasco plural y dividido en torno a su encaje en el ordenamiento constitucional.

Todas estas cosas le traen sin cuidado a Juan José Ibarretxe, que parece haber olvidado el revolcón sufrido por su viejo plan soberanista en el Congreso. Nos hizo creer que había dado un paso atrás. Era una ilusión óptica. Se ve que su genética sabiniana asume con naturalidad la tendencia exclusiva de cierta especie animal a tropezar dos veces en la misma piedra.

No han sido dos años y medio perdidos por la causa del nacionalismo vasco. Mientras en el PNV reinaban las tesis blandas de Imaz -transversalidad y modernización-, ETA y sus amigos aprovechaban los vientos pacificadores que soplaban desde Moncloa, pero con un desenlace parecido. Hasta que el otro nacionalismo, el llamado "democrático", tomó el relevo de la mano de Ibarretxe.

El Ibarretxe bis es aún más extravagante que el anterior pero, por suerte, ahora surge en un contexto político, social, económico, mucho más adverso. Véanse los recados del dimisionario Imaz, las declaraciones del alcalde nacionalista de Bilbao, Iñaki Azkuna, o las de los responsables de las Cajas de Ahorro vascas.

Porque esta vez, además de que las propuestas son ilegales (desafían la legalidad), inmorales (se ignora la situación de democracia secuestrada que se vive en Euskadi), conminatorias (el lehendakari dice que seguirá adelante con o sin acuerdo del Estado) y confusas (el plan está lleno de eufemismos para disimular sus verdaderas intenciones), tiene todos los elementos para generar división a su alrededor. Ya la división recurrente en el seno de la sociedad española en general y de la vasca en particular, sino en su propio partido. Este es el elemento nuevo.

En lo demás todo es viejo y consabido: el ensueño soberanista, la provocación a los responsables de cumplir y hacer cumplir la Constitución Española y la bandera electoral que Ibarretxe alza por molestarse en elaborar un programa para mejorar el bienestar de los ciudadanos que viven y quieren seguir viviendo en el País Vasco.

Antonio Casado

OTR Press

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