De la inmoralidad pública

 

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Antonio Casado

De la inmoralidad pública

Publicado 08/10/2016 8:00:35CET

MADRID, 8 Oct. (OTR/PRESS) -

Los juicios seguidos contra los acusados de los casos Gürtel y tarjetas black desvelan la cara más grave de la corrupción, pues en ellas coinciden el descaro de personas habituadas a la impunidad, la mala práctica organizada casi a la luz del día (semipenumbra, como mucho), la cobertura política y el saqueo del dinero público ("¿Qué nación hay en el mundo donde con tanto descaro se saqueen los fondos del Estado?", se preguntaba Lucas Mallada a finales del siglo XIX).

Un elemento sobrevenido multiplica el malestar social por estos casos de inmoralidad en la vida pública. Hablo de las razones usadas por quienes fueron pillados en falta. La mayoría de ellos, empezando por el PP, encausado como beneficiario "a titulo lucrativo" en el caso Gürtel -no delinquió directamente pero se favoreció de un delito cometido-, han seguido buscado la impunidad (nulidad del juicio) por reprobación técnica de los métodos utilizados para obtener las pruebas incriminatorias. Por ejemplo, violación de intimidad en la publicación de gastos personales o escuchas presuntamente ilegales.

Bochornoso. Pero la gente lo ha percibido como una burda utilización de las garantías procesales para tapar la miseria moral de sus comportamientos. Todo lo cual no hace sino aumentar la ira de los ciudadanos y su descreimiento en las élites del poder político y social. La "casta", que dirían los seguidores de Pablo Manuel Iglesias.

Sostengo que los fundadores de Podemos son los que se sientan en el banquillo de los acusados por estos dos escándalos, la trama Gürtel y las llamadas tarjetas black. Están en el origen de la ira canalizada por el populismo del partido de Iglesias, así como en el engorde de su posterior facturación en las urnas.

Así es como, entre otras cosas, por supuesto, la cara más obscena de la corrupción impulsó el salto del populismo a la política nacional. El asiento del partido de Iglesias en la vida pública es ya una realidad con evidentes efectos desestabilizadores. El más visible es la prolongada interinidad en el Poder Ejecutivo, como consecuencia de la fragmentación del escenario.

Los hechos vienen trenzados hasta el punto de que no hacer inverosímil esa conexión entre corrupción pública, malestar social, irrupción del populismo e inestabilidad institucional. Una secuencia irrebatible. Al menos en España, aunque también hay pruebas vivas fuera de nuestro país.

De hecho, a uno le produce la misma perplejidad la referencia al impago de impuestos como muestra de talento, en boca del del candidato a la Casa Blanca, Donald Trump, que el obsceno argumento utilizado por Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid, de que las famosas tarjetas black en realidad era una forma de "dignificar" la retribución salarial de sus consejeros. Manda huevos, que diría Federico Trillo.

OTR Press

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