Mas, torpe por demás.

 

Mas, torpe por demás.

Actualizado 27/11/2012 13:00:33 CET

MADRID, 27 Nov. (OTR/PRESS) -

Nos pasamos el día haciendo quinielas sobre los eventuales costaleros parlamentarios de CiU en nombre de la gobernabilidad en Cataluña. Es lógico, porque ese partido ha quedado lejos de la mayoría absoluta y necesita completarla si no quiere exponerse a continuos sobresaltos durante la próxima Legislatura autonómica. Sin embargo, la noticia del 25-N no es precisamente el hecho de que CiU no haya alcanzado el umbral de los 68 escaños. Entre otras cosas porque tampoco los tenía antes de que el presidente de la Generalitat decidiese anticipar las elecciones. La verdadera novedad, la noticia más importante de las elecciones del domingo pasado es el fracaso personal de Artur Mas.

¿Y eso qué significa? Pues significa que si el proceso soberanista por él abierto ha de continuar, él ya no es quién para cerrarlo. No puede negarse que la suma de escaños y votos obtenidos por los tres partidos firmantes del proyecto independentista propuesto por Mas (CiU, ERC y CUP) da para insistir en la persecución de la quimera. Vale. Pero él ha quedado claramente desautorizado como piloto de la nave en ese viaje.

La propuesta soberanista ya tiene vida propia. Es la figura personal de Artur Mas la que ha quedado desahuciada. Solo su retirada de la vida política podría compadecerse con el tamaño del descalabro. Dicho sea en nombre de la decencia política y el sentido común. Y si no lo hace será cosa de ver cómo se las apaña para bajarse del tigre. O para seguir cabalgándolo al modo de esos toros enloquecidos de las ferias populares que siempre te acaban estampando contra el suelo.

En el mitin de cierre de campaña, el viernes pasado, Artur Mas dijo en el Palau San Jordi: "El proceso ya no tiene marcha atrás". Puede ser. Pero él si la tiene. Se lo han dicho los catalanes, que han reventado sus análisis y le han vuelto la espalda, si nos atenemos a las expectativas creadas por él mismo.

No es fiable un gobernante que comete errores de bulto tan graves como el intento de mejorar su cotización política al precio de sacudir unilateralmente el Estado de Derecho y el entramado institucional. Con sus propias reglas de juego. Pero menos fiable es todavía si, a pesar de todo, después de haber sometido a los catalanes y al resto de los españoles a una insoportable tensión emocional, resulta que su cotización electoral se desploma. Una maniobra política cuya torpeza pasará a las antologías de los líderes con tendencia a darse tiros en el pie.

No puede ser fiable un líder que funciona con este tipo de ocurrencias. Debe asumir las consecuencias de haber perdido su apuesta personal, aun sin aminorarse el grave riesgo de ir hacia una crisis institucional y el gravísimo riesgo de que Cataluña pueda partirse en dos. Ha creado las condiciones para que, por ejemplo, en la mañana de la jornada electoral, un sobreactuado Oriol Junqueras (líder de EC) dijera: "Estamos escribiendo el prologo del gran libro que nos llevara a la libertad". Ni que se estuviera jugando el fin de la esclavitud en Cataluña.

OTR Press

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