Un metro de caos.

 

Un metro de caos.

Actualizado 03/07/2010 14:00:01 CET

MADRID, 3 Jul. (OTR/PRESS) -

A esta hora no hay fumata blanca en el diálogo de los huelguistas con la empresa pública del Metro de Madrid. El fin de semana se presenta así como un paréntesis de normalidad en los trastornos que siete mil trabajadores han causado a dos millones. Los dos millones de usuarios de este popular medio de transporte no precisamente frecuentado por gobernantes ni dirigentes políticos, sino por esforzados y madrugadores ciudadanos, convertidos en rehenes de los trabajadores del suburbano.

El lunes será otro día. Día de asamblea donde los huelguistas decidirán si mantienen el pulso con la empresa y con la Comunidad de Madrid hasta lograr una rectificación del Gobierno de Esperanza Aguirre en el recorte salarial decidido a pesar de lo pactado en un convenio colectivo en vigor hasta 2012. Nada de particular tendría la expresión de esta protesta si no fuera por la tendencia de los agitadores de la huelga a desbordar los cauces legales de la misma. No me refiero solo al incumplimiento de los servicios mínimos perpetrado el martes y el miércoles de esta semana, ante la reprobación general de la opinión pública y los representantes políticos a escala municipal, autonómica y nacional. Tanto del PP como del PSOE.

Lo que el comité de huelga de los trabajadores del metro denomina "paro total", como el de esas dos jornadas y el que se puede repetir a partir del lunes ("si nos tocan los cojones", han dicho los representantes sindicales), no es sino una huelga salvaje con toma de rehenes. Además de incumplir los servicios mínimos, los huelguistas se han dedicado a sabotear los mecanismos de apertura y cierre de los vagones, y han enviado piquetes coactivos a los centros de trabajo.

Mientras tanto, se hacía público un dato muy revelador. En vísperas de la huelga aumentó inesperadamente el número de bajas laborales por razones médicas, familiares y otras, hasta en un 40%. Podrían ser trabajadores que, por no perder el salario de un día de huelga o por no querer enfrentarse a los piquetes, han preferido forzar la baja. Otra anomalía más de esta agresiva huelga, cuyas causas deben buscarse en la política de recortes dictada por el Gobierno de Zapatero para los funcionarios y extendida por algunos Gobiernos autonómicos también a los trabajadores de las empresas públicas.

A diferencia de lo ocurrido en las dos jornadas mencionadas, el jueves y el viernes sí se cumplieron los servicios mínimos. "Por respeto a los ciudadanos, no a los políticos", han dicho los representantes sindicales. Una apelación poco creíble después de haber sembrado el caos. Y después de advertir, como advirtió el portavoz del comité de huelga, Vicente Rodríguez, que este gesto de buena voluntad se acabará si se sanciona a algún trabajador por los sucesos de los últimos días.

OTR Press

Esther Esteban

Esos locos bajitos

por Esther Esteban

Fermín Bocos

Fuera van ganando

por Fermín Bocos

Charo Zarzalejos

Sin derecho a la sorpresa

por Charo Zarzalejos

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies