Los parados no consumen.

Actualizado 04/12/2008 1:00:08 CET

MADRID, 4 Dic. (OTR/PRESS) -

La ministra Salgado presentó este martes el mapa municipal para la distribución del fondo extraordinario de 8000 millones de euros que el Gobierno aprobó el viernes pasado. Los cálculos oficiales apuntan a la creación de 300.000 puestos de trabajo mediante la realización de infraestructuras y obras de mejoras en el ámbito local.

Más allá de la trifulca política entre el Gobierno y el PP y más allá del escepticismo propio de la situación que estamos viviendo, nadie con sentido común puede dejar de desear que esos cálculos sean acertados. A todos nos abruma el drama del paro. Las cifras del mes de noviembre (171.243 parados más que en octubre) han sido, como se temía, desalentadoras.

Especialmente desalentadoras en vísperas de las Navidades, que tradicionalmente ha sido el dichoso tiempo de las empatías, los saludos y todo el mundo es bueno, sí, pero también la gran fiesta del consumo. Lo uno y lo otro tiene relevancia, desde el punto de vista económico y desde el punto de vista social.

En clave económica el paro actúa como precursor porque afecta directamente al consumo, uno de los dos grandes motores del sistema productivo. En una ingeniosa viñeta aparecida en la Prensa de estos días se ve en un escaparate comercial el siguiente cartel: "Se necesita cliente, con o sin experiencia". A partir de esa parábola nos aproximamos al manual de los economistas: sin consumo, baja la producción de bienes y servicios. Si se produce menos, se despide más. Vuelta a empezar. Y por ahí es por donde suele aparecer el fantasma de la recesión, que ya nos sobrevuela desde hace unos meses

Además hay otras claves que habitan en la realidad personal y familiar de quienes pierden el puesto de trabajo y se ponen a la cola del paro. Tienen que ver con la autoestima y la socialización, dos indicadores a modo de constantes vitales en una persona sana. Eso no cabe en la contabilidad del INEM. Las cifras carecen de alma. Los parados, no. Y además de alma, los parados tienen familia y quieren sentirse útiles.

La primera consecuencia visible es la inhabilitación para la gran ceremonia consumista. Si no consumo, no existo, según el paradigma de los tiempos. De modo que los comercios vacíos, los comedores sociales llenos, el bajón de las tradicionales cenas de empresas y las dificultades de los ciudadanos para llegar a fin de mes, funcionan como señales precursoras de las Navidades menos consumistas que vamos a vivir en los últimos quince años.

¿Por culpa de quién? Es la pregunta del millón de quienes se empeñan en politizar el drama en base a una simpleza: el paro juegan en contra del titular y a favor del aspirante. Puede ser. Pero el razonamiento puede volverse en contra si los votantes perciben que el mal de todos se utiliza como consuelo electoral de algunos.

Antonio Casado.

OTR Press

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