El PSOE, en llamas

 

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Antonio Casado

El PSOE, en llamas

Publicado 01/10/2016 8:00:33CET

MADRID, 1 Oct. (OTR/PRESS) -

No es que el síndrome de la Guayana se haya apoderado del PSOE porque en aquel drama (noviembre de 1978) la decisión de los componentes de la secta fue unívoca. Y eso es justo lo que falta en las filas socialistas: unidad de criterio en la toma de las grandes decisiones, incluida la de vivir o morir. Cada uno quiere suicidarse a su manera, aunque el resultado sería el mismo: el haraquiri colectivo de un partido histórico que fue decisivo en el asentamiento de la democracia y la reinserción internacional de España tras la muerte de Franco.

Las próximas horas van a determinar el desenlace de la crisis que ha partido al PSOE en dos mitades. Ambas se niegan mutuamente para dirigir la organización, en base a una polémica normativa que afecta incluso al órgano que teóricamente debería resolverla. Hablo de la Comisión de Garantías, encargada de velar por el respeto a los Estatutos en "las actuaciones de los órganos de dirección y de los afiliados".

El caos, pues, está servido a pocas horas del comité federal, cuya convocatoria formulada por la media ejecutiva que no dimitió, está puesta en cuestión por el llamado sector crítico que ha promovido la dimisión de la otra media. Todo lo cual deja pone en duda la legitimidad de la propia celebración del conclave. Y aunque se celebre, que se celebrará, también habrá debate sobre cual de las dos partes puede dictar el orden del día.

Y por la cuestión del procedimiento al fondo de la cuestión. Pero tampoco el fondo de la cuestión es el mismo en uno u otro bando. Por un lado, el de la media ejecutiva que se cree con el derecho a seguir ejerciendo en Ferraz al mando el secretario general. Por otro, el de la media ejecutiva dimisionaria que, bajo el padrinazgo de la andaluza Susana Díaz, no reconoce la existencia legal de la otra parte y reclama una comisión gestora que gobierne al PSOE hasta que sea elegida una nueva Ejecutiva.

Digo que la cuestión procedimental nos remite al fondo de la cuestión porque no será lo mismo que el debate se centre en el liderazgo (si o no a Sánchez), como quieren los críticos, o en la política de alianzas ("no" o "abstención" a la investidura del candidato del PP a la Moncloa), como quieren los que mantienen su fidelidad al secretario general. Del cruce de esas dos líneas de fuerza, cuya confrontación se medirá en votos, saldrá la respuesta a las preguntas de la opinión publica ¿Caerá Sánchez o tendrá a la aritmética de su parte a la hora de votar? ¿Cambiará de posición el PSOE para facilitar el Gobierno de Rajoy o iremos a unas terceras elecciones? ¿Habrá congreso del PSOE antes o después de que se forme Gobierno?

Estas preguntas desbordan el atormentado corralito socialista y son de angustioso interés para todos los españoles. De ahí que, a estas horas solo queda encomendarse a los dioses -cada uno al suyo, claro- para que acierten los cascos azules (Patxi López y otros) que se han puesto a trabajar desde dentro logren el acercamiento entre los dos bandos. Lo tienen muy difícil.

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