Transversalidad

Publicado 21/12/2017 8:00:13CET

MADRID, 21 Dic. (OTR/PRESS) -

Por encima del quinielismo reinante a medida que se acerca la hora del recuento electoral del 21-D, un hecho de fondo deroga todo lo demás. Me refiero a la fractura ciudadana, mucho más visible en víspera de la comida de Navidad. Esta vez no va a ser lo que era en los hogares catalanes.

Por los dramas familiares y la cara de perro entre amigos de toda la vida hemos sabido que media Cataluña está enferma de la otra media. Enferma o malherida por los golpes del otro. Por suerte, ya no ventilamos nuestras diferencias a tiros, como en ese pasado que nos puso el sambenito de españoles irreconciliables. El odio ya no carga fusiles, pero carga palabras y miradas que recuerdan la tragedia fraticida de aquella guerra civil, desencadenada por el llamado "bando nacional" contra el que se mantuvo fiel a la legalidad republicana.

Sin tiros, pero se parece bastante al conflicto desencadenado por el bando defensor de la nación catalana frente a un Estado español legítimamente constituido. El recuento del jueves por la noche nos ilustrará sobre el desenlace democrático del enfrentamiento entre quienes defienden la legalidad (Constitución y Estatuto de Autonomía) y quienes aspiran a reventarla.

A medio camino entre los dos bandos aparece la "transversalidad" como palanca de la reconciliación, el cierre de las heridas o el remedio de una Cataluña partida en dos.

Aún sin conocer el desenlace del 21-D, se puede anticipar la conclusión de que, pase lo que pase con los números, ese va a ser el signo del nuevo govern. Estará marcado por la transversalidad. A partir de hay valen todas las quinielas. Para la investidura del president o para toda la legislatura. Gobierno de coalición o en minoría con apoyos variables. Con presidente nacionalista o con presidente constitucionalista.

Solo dos cosas fijas. Una, la mencionada transversalidad. O sea, de doble barandilla: nacionalista y no nacionalista. Y dos, el nuevo govern estará comprometido con la legalidad. Y eso nos permite dar por hecho que el reinado del 155 caducará en cuanto se constituya el gobierno salido de las urnas.

Hasta entonces, el ambiente viene cargado de confusión y miedo a una Cataluña ingobernable. Son las dos sensaciones dominantes en las horas previas al recuento electoral. Incierto desenlace con un mapa político muy fragmentado. Y una memoria ciudadana muy castigada por el "procés".

En esas coordenadas se ha fraguado una visible tendencia a la transversalidad y no al frentismo. Pero podría frenarse en seco ante una hipotética mayoría absoluta de las tres fuerzas separatistas (ERC, JxC y CUP). Es la peor hipótesis. La descarto, personalmente. Como también descarto un gobierno de base exclusivamente constitucionalista. Impensable.

 

OTR Press

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