Estado de crispación

 

Estado de crispación

Actualizado 09/02/2007 1:00:37 CET

MADRID, 9 Feb. (OTR/PRESS) -

Saltan chispas por doquier; se masca en el ambiente desazón, incertidumbre y malestar. Desde Cataluña se intenta meter presión al Tribunal Constitucional con advertencias: o se convalida el "Estatut" o España y Cataluña tendrán un problema. El socialismo catalán, incluso, advierte a Zapatero que si cae el Estatuto cae el Gobierno y Carod, esa rémora imprescindible que apuntala la silla de Montilla en San Jaime, amenaza con la "vía soberanista", o sea con la independencia de Cataluña, si se "tumba" el texto estatutario.

Hay crispación y tensión política, en la calle y en los despachos, más que en los peores días del "Prestige" y de la guerra de Irak con Aznar y tanta como en tiempos de Felipe González a cuenta de los casos de corrupción y de los Gal, cuando los agentes sociales se erigían en el "comando del sosiego" para templar el ambiente político y salvar los muebles de la economía sin que se dispararan las cifras del paro. Siendo esto así, Zapatero, ese optimista antropológico al que no cura ni el doctor House (Pío García Escudero dixit), afirma, como quien se fuma un puro en el bar de las Cortes mientras pone los pies sobre la mesa, que el patio no está revuelto sino sereno. ¿Hay que creer, sin embargo, a quien un día antes de que ETA le bajara del pedestal de ensoñación al que se había encaramado nos vendiera una España idílica sin muertos ni atentados terroristas? Evidentemente no.

No existe la España plural de Zapatero, sino una España fragmentada, dividida y enfrentada que se difumina como nación y que lejos de ser más segura y entera como pregona, cada día que pasa es más débil y menos cohesionada y solidaria. La recusación de Pérez Tremps, que le supone quedar apartado del debate sobre la inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña, ha destapado la caja de los truenos y evidenciado el sectarismo y fascismo antropológico de cierta izquierda y del nacionalismo independentista cuando se les contraría. Con estos que no entienden de división de poderes en democracia; que rescatan un lenguaje guerracivilista para amenazar a quienes desde el Estado de Derecho intentan frenar sus desvaríos extraconstitucionales, que se solidarizan con un pistolero convicto de 25 asesinatos, que insultan a sus víctimas y a un partido apoyado por diez millones de españoles equiparándole con ETA, pretende construir Zapatero su imposible España plural. Claro que estos son también los que le permiten gobernar en Cataluña y en Galicia y, por supuesto, seguir en la Moncloa. Es el precio del poder.

Antonio Jiménez.

OTR Press

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