Misiones de guerra

Actualizado 26/06/2007 2:00:42 CET

MADRID, 26 Jun. (OTR/PRESS) -

Una joven boliviana integrante de esa impagable diáspora iberoamericana de hombres y mujeres que han recalado en España para buscarse la vida de forma honesta y esforzada me preguntaba sobre las posibilidades de que su hermano, suboficial en su país con rango de sargento, pudiera ingresar en las Fuerzas Armadas Españolas. Al advertirle sobre los peligros que corren los soldados españoles desplegados por el mundo al hilo precisamente de lo ocurrido en Líbano, la joven no dudó en responderme con convicción que eso va implícito en la condición del militar y que su hermano lo tiene muy asumido, incluso la muerte.

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los miembros de los ejércitos españoles acepta la asunción de misiones de riesgo con peligro para sus vidas como un hecho natural e inevitable asociado al uniforme que libremente se enfundaron, aunque algunos de sus familiares se empeñen en hacernos creer lo contrario escuchándoles por la radio, y tampoco me cabe ninguna duda de que entre los principios y valores que guiaron sus pasos hacia la carrera militar está la defensa de España. Nuestros soldados desplegados por Afganistán y Líbano no están de vacaciones ni en idílicas excursiones de pacifistas trasnochados movidos por eslóganes de amor y paz. No son misioneros evangelizadores ni voluntariosos y comprometidos integrantes de alguna ONG. Ellos lo saben muy bien; sospecho, sin embargo, que buena parte de la opinión publica española no lo tiene tan claro y a ello han contribuido los gobiernos empeñados en maquillar el alcance y carácter de las misiones aprobadas. Ni fueron a Iraq para patrullar en una zona hortofrutícola y alejada de los peligros de la guerra, como sugirió el entonces ministro de Defensa Federico Trillo, ni están ahora de "pic nic" en Afganistán y Líbano como podría deducirse de la retórica pacifista empleada por Zapatero y Bono, en su día, para rebajar los riesgos de patrullar en esos países y eludir cualquier comparación con Iraq.

La realidad siempre tozuda se ha encargado de desmentir con hechos desgraciados como el ataque de guerra o terrorista sufrido por los nuestros en Líbano, esa idea demagógica transmitida por los socialistas de que con Aznar los soldados españoles acudían al frente y con Zapatero a montar un jardín de infancia y llevar medicinas y víveres a poblaciones desasistidas. No estaría de mas tampoco que los pancarteros y titiriteros, especialistas en instrumentalizar el dolor ajeno, ahora callados y sumisos para no perjudicar a quien les procura el agua "oficial" de la que abrevan, aceptaran de por vida que nuestros soldados muertos en actos de guerra son merecedores de funerales de Estado con sus correspondientes condecoraciones y de públicos homenajes de reconocimiento, por su sacrificio y dedicación a la causa de la libertad en nombre de España, y no de demagógicas y partidistas manifestaciones bajo el señuelo de un impostado pacifismo.

Antonio Jiménez.

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