Recta final

 

Recta final

Actualizado 22/05/2007 2:00:46 CET

MADRID, 22 May. (OTR/PRESS) -

La campaña electoral entra en su última semana con la sensación de que el "pescado está vendido" antes, incluso, de que oficialmente los candidatos irrumpieran con sus fotos en el paisaje urbano de pueblos y ciudades. Las últimas encuestas publicadas han debido generar una enorme frustración y desesperanza en quienes por más que se han esforzado, están abocados a conducirse por territorios de melancolía la noche del 27-M. Estas elecciones, salvo que los sondeos yerren de forma escandalosa, no modificarán de manera significativa el mapa político municipal y autonómico. La cita electoral se proyecta así como un punto de inflexión en el calendario político que hace buena la máxima de la necesidad de que todo cambie para que todo permanezca igual inmortalizada por Lampedusa en "El Gatopardo". La voluntad popular acreditará en las urnas, según las encuestas, una férrea voluntad de continuidad que en algunos casos está mas que justificada y en otros no, de ninguna manera.

Cuatro años son suficientes para testar el carácter emprendedor y de eficacia de los gestores políticos que han administrado los recursos público en municipios y autonomías. Si aceptamos que las elecciones no las gana la oposición sino que las pierde el Gobierno, y de que la alternancia en el poder viene dada por la mala gestión de quien lo ha ejercido durante la legislatura, cuatro años bastan para acreditar los méritos o carencias que inspiran la decantación del voto hacia el respaldo o la reprobación. Denotan, sin embargo, las encuestas publicadas un grado de conformismo desesperante en ciudadanos que, a pesar de que el tiempo apenas se mueve en sus regiones y municipios desde un día después de cerrarse las urnas de los anteriores comicios, insisten en repetir resultados y experiencia. Hay ciudades y comunidades, en ese sentido, donde a pesar de que sus indicadores en términos económicos de progreso e infraestructuras están lejos de la obligada convergencia con las más pujante y dinámicas de España, sus moradores se han abonado a la resignación sin permitirse la oportunidad de la alternancia, el gran lujo democrático del cambio regenerador que oxigena las instituciones y saca del apalancamiento al adocenado profesional del partido que les gobierna desde hace décadas, más preocupado de conservar su cargo que de generar ilusión y cumplir expectativas. España, tierra de contrastes, no defrauda tampoco en lo político y así cualquiera puede entender el porqué está más que justificada la continuidad del tándem Aguirre-Ruiz Gallardón en Madrid y, según esos mismos sondeos, cueste asumir, por ejemplo, que Sánchez Monteseirín siga al frente del consistorio hispalense. Es cierto que cada pueblo tiene el gobierno que se merece y Sevilla no iba a ser una excepción.

Antonio Jiménez.

OTR Press

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