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Antonio Pérez Henares

Alsasua

Actualizado 18/10/2016 19:21:50 CET

MADRID, 18 Oct. (OTR/PRESS) -

El hecho en sí es ya definitorio. Una cincuentena de 'valientes' agreden salvajemente a dos jóvenes y sus novias. El motivo resulta también revelador: los agredidos, golpeados con saña y encarnizamiento, lo fueron por ser guardias civiles, un teniente y un sargento, y sus novias por ser sus parejas.

Al ser reconocidos cuando se encontraban fuera de servicio y de paisano en un bar se les molestó y amenazó hasta que salieron a la calle y allí en tumulto se produjo el ataque que no cejó ni cuando las victimas estaban en el suelo y sangrando abundantemente.

Nota también de interés: nadie acudió en su ayuda, nadie tampoco se atrevió a afear la conducta de los matones, vinculados a los tentáculos políticos, legalizados en aquella sentencia del Constitucional zapateril. Sucedió en Alsasua (Navarra).

Las reacciones de quienes se negaron y se niegan a condenar los asesinatos de ETA, no podía ser de otra manera dados los antecedentes, de criminalizar a las victimas, loar a los agresores y exigir la libertad inmediata de los dos "gudaris" que hasta el momento han sido detenidos. Si jaleaban el tiro en la nuca, aplaudían las bombas y brindaban por los secuestros no iba a parecer repudiable esta "nimiedad". Y el "detalle" de que fuera una turba, por muy abertzales que se proclamen, que actuaron cobardemente y amparados en la absoluta desproporción del número no impedirá que sean considerados como héroes. Al fin y al cabo eran los mismos que llamaban asesinos precisamente a los que eran los asesinados.

Pero no creo que en el análisis podamos quedarnos únicamente en la procaz y repulsiva justificación y enaltecimiento de la barbarie que han protagonizado Sortu o Bildu o como se quieran llamar según lugar y circunstancias. Hay algo que incluso es peor por lo que descubre y por lo que oculta. Es esa sociedad corroída por el miedo y la conveniencia y en perpetua búsqueda de excusas exculpatorias para los verdugos e inculpatorias contra las víctimas, que vuelve a dar muestras de una enfermedad crónica: la cobardía moral. Con la que contaron siempre los matarifes de ayer y siguen contando los matones de hoy.

Y no están tan solos como pudiera parecer. Porque de inmediato surge también esa corriente de pensamiento mendaz y débil, ese del doble y tóxico doble rasero que de inmediato intenta minimizar y mirar para otro lado al grito de "no pasa nada", "no hay que dramatizar", es "mejor no darle importancia" y sale con lo del hecho aislado y los rescoldos de un odio que hay que ir superando. Por lo visto a base de callar. Pero siempre por un lado. Porque el hecho será aislado, pero el clima y el caldo de cultivo es general en algunas zonas donde los filoetarras siguen campando a sus anchas. Y sí, el odio está ahí, pero es unilateral como fueron los actos terroristas y la utilización de la violencia por mucho que ahora se quiera hacer revoltijo de los que mataban con quienes morían. En un estado democrático, garantista donde los haya y donde podía defender cualquier idea a través de la palabra y el voto. Pero donde ellos eligieron la bala y la metralla. Y estos, sus sucesores y herederos, la coacción pandillera y la paliza brutal.

PD. Es justo reconocer la pronta y rotunda reacción condenatoria de la presidenta Navarra, Uxue Barcos, de Geroa Bai, que se deslindaba, al menos en esto, de quienes son sus socios de gobierno. Porque estos son sus socios de Gobierno en Navarra, aunque a veces se pongan caretillas de ocasión.

OTR Press

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