Catástrofe ¿del clima o del bolsillo?

Actualizado 05/01/2008 1:00:33 CET

MADRID, 5 Ene. (OTR/PRESS) -

Aunque ninguna de las dos, ni la del cambio climático ni la económica, es el Apocalipsis con que, dependiendo del predicador político o el monaguillo mediático, pretenden abducirnos, puede que la que nos parezca más amenazante es la que acabe por vender el pescado electoral en las urnas de 9-M. El Gobierno sabía muy bien de lo que no tenía que hablar: el innombrable "Proceso de Paz" que fue un día fue mantra y hoy es tabú y ese Estatut y esas amistades peligrosas con quienes han hecho del odio a España y a lo español sus banderas y la esencia de su discurso independentista. El Gobierno tenía decidido hablar de economía, de mejoras sociales y hacer el progre moderno y avanzado con la cosa del cambio climático. Tienen en nómina subvencionada al talibanismo ecologista y en el mercado de invierno ficharon a Gore a golpe de premio, conferencia y video a precio de oro.

El PP aprendió, por fin y tras años de suicida ceguera, que su "peste negra" surgía de las miasmas del 11-M y que mejor, tras el juicio del juez Calvo y con mujer calvario, era dejar de remover la ciénaga. Rajoy quería hablar de lo que no quería ni mentar Zapatero, de los bailes con ETA y de los encames con Carod, pero se metió en el charco de un primo y se pegó un resbalón de aurora boreal y deshielo polar. A la economía se la dejaba de lado porque durante los tres primeros años las cuentas, las cifras y los precios le salían al Gobierno.

Sólo quedaba decir eso que siempre se dice. Cuando se está en la oposición si la cosa va bien es porque ellos dejaron la despensa a rebosar y la coyuntura internacional es de cine. Si la cosa pinta mal la culpa, ¡está clarísimo!, la tiene el Gobierno. O sea exactamente al revés de cómo se escenifica el discurso si donde se está es en el poder. Entonces cuando la economía va bien es ¿quién lo duda? por el buen hacer del Gobierno y cuando va mal es culpa de la situación internacional y de la herencia recibida del otro partido que dejó las arcas hechas un asquito. Resulta absolutamente irrelevante el quien esté en el gobierno y quien en la oposición. Es un axioma de comportamiento político.

O sea, que como la cosa iba bien, pues mirar para los cerros europeos era lo mejor. Pero resulta que donde ante lucía el sol caen ahora chuzos de punta. Hablar de tres años buenos que pasaron cuando lo que se tiene es el malo encima no es solución alguna. Las cañas se han vuelto lanzas y, lo peor, a un pasito de la urna. En inflación, en empleo y ¡ay! en los precios de la leche, de la bombona y la luz.

Y de la Apocalipsis del cambio climático y del calentamiento global del Planeta la gente pone su distancia pero de la congelación del bolsillo al personal se le queda la mano helada y más por la cuesta de enero. Y ahora resulta que al final puede que las elecciones se resuelvan -y perdonen por recordar que ya lo escribí antes- en quien perciben los españoles que será el que mejor sepa pedalear por la cuesta arriba de la crisis. Y en eso, dicen las encuestas, es casi en lo único en que aunque por milímetros lleva Rajoy ventaja.

Antonio Pérez Henares

OTR Press

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