"¡España no se rompe!" grita quien la rasga.

Actualizado 20/07/2010 14:00:32 CET

MADRID, 20 Jul. (OTR/PRESS) -

"Cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste". España antes que su partido, por España y sólo por España. Esa fue la proclama de Zapatero, autoerigido en nuevo protomartir nacional. El malo era Rajoy que sólo quiere ganar las elecciones. Ese es el mensaje, el nuevo spot publicitario que ya repiten como consigna desde sus vices ("El proyecto de Zapatero es España y el de Rajoy, la Moncloa", De la Vega dixit) y los pertinaces voceros encargados de apoyar al líder diga una cosa o la contraria.

Pero no han pasado horas 24 cuando toda la tramoya se viene con todo el estrépito abajo. Porque ya desde el mismo momento en que pronunciaba sus palabras las acompañaba con otros hechos que significan lo diametralmente opuesto a lo que predica. Zapatero, para salvarse o ganar una brizna de tiempo, esta dispuesto a entregar lo que sea de España al neonacionalista Montilla y a los nacionalistas de siempre. En un suspiro hemos comprendido. Para Zapatero España es él mismo.

De todas las genuflexas y melifluas intervenciones del presidente del Gobierno de España ante los diferentes líderes nacionalistas y separatistas se desprendía una sumisa petición de disculpas. El gesto contrito venía a remarcar la petición de perdón por no haber podido, debido a las circunstancias circunstanciales de su cargo, asistir e incluso encabezar la manifestación contra el Tribunal Constitucional y contra España. Todas sus palabras rezumaban comprensión por la protesta, simpatía por la causa y complicidad por reparar el daño causado a esa "nación" catalana en la que ya no sólo creen los nacionalistas catalanes sino también el PSC y de la que ahora es también es adalid, siempre lo ha sido, el señor Rodríguez Zapatero. Diga lo que diga la Constitución, diga lo que diga el conjunto del pueblo español. Es el clavo ardiendo parlamentario al que ha de agarrarse para mantenerse en el poder y esa la tecla electoral que supone le puede sonar bien en las próximas elecciones catalanas. La verdadera catadura de nuestro autonombrado mayor de los patriotas ha quedado de inmediato reflejada en este espejo.

Porque lo que ha venido a prometer Zapatero, el garante de nuestra Nación, nuestro máximo gobernante, aunque con las habituales y ambiguas palabras para que esos humildes votantes socialistas que si creen en España y en la izquierda sigan uncidos a los bueyes de unas siglas que los utilizan sentimentalmente y los traicionan en sus principios esenciales, es que haría las trampas legales necesarias hasta desguazar si es preciso la Ley de Leyes de los españoles y convertirla en papel mojado. Zapatero se entrega y entrega maniatado al PSOE a quienes, con Montilla de "tonto útil" y CiU de avispado recogedor de las peras, pretenden violar las leyes, incumplir las sentencias y despreciar como si con ellos no fueran las instituciones del Estado. Por la puerta falsa, claro. Haciendo trampas, por supuesto. Al mejor estilo Zapatero, que en eso es maestro. Y para más adelante cambiar la propia Carta Magna al dictado de los nacionalistas, para que quepan sus ideas separatistas.

Ha sido lo más grave que nos ha dejado este último debate. Nuestro presidente entregado al nacionalismo, dispuesto a vendernos, por "su" plato de lentejas pagadas en oro y patria, envuelto eso sí, en la bandera de España, a quienes la rechazan y a quienes pretenden descoserla y en cuanto puedan rasgarla. Pero en el colmo del delirio o del cinismo, es nuestro propio presidente, mientras ayuda a agrandar los "sietes", quien va dando grandes voces con los trozos en la mano: "Pero ven ¡España no se rompe!".

Y ha sido tan procaz la escena que hasta el muy domesticado Comité Federal, sin llegar a plantarle cara, ha habido un atisbo de alarma. Los barones regionales han elevado la voz ante esa sumisión de ZP a los dictados del PSC y a los nacionalistas. Saben que los cascotes caerán sobre ellos y que por salvar a Montilla, que no hay quien lo salve, lo que se está perdiendo es una seña de identidad que puede resultar letal para el futuro. Alardear, como se hace, de ser el partido que vertebra España presidiendo manifestación contra ella no se lo tragan ni los más conspicuos brazos de madera del PSOE. Sobre todo porque saben que a los primeros que se los van a cortar en las urnas es a ellos.

OTR Press

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