Tranquilos, que no pasa nada.

Actualizado 28/12/2010 13:00:26 CET

MADRID, 28 Dic. (OTR/PRESS) -

El presidente Zapatero y el sanedrín de que se rodea actúan con respecto a su propio partido al igual que hicieran con la crisis que nos tiene arrasados. No pasa nada dijeron y siguieron manteniendo cuando asomó las orejas. Empecinadamente hasta incluso cuando el lobo había devorado millones de puestos de trabajo, de esas ovejas-genial anuncio navideño- que aunque nadie parezca valorarlo son de trascendental importancia en el belén. Pareciera que su "no pasa nada" fuera una suerte de exorcismo con el que quieren ahuyentar a los malos espíritus, a los funestos presagios y, peor que eso, a los hechos y las evidencias. No pasa nada, dicen, y con ello creen que ya han espantado al sí que pasa, suponen que ya está resuelto el asunto y que, en efecto, no va a pasarles nada.

Con la crisis ya vimos a que conducía su avestrucismo. Ahora al igual que hicieron con España pueden hacer lo mismo con su propio partido y conducirlo, como buena muestra ya tienen el botón de las catalanas, a una hecatombe electoral de proporciones históricas. Todas las alarmas están encendidas, pitan todas las calderas, hasta amenaza con explotar la andaluza y perder por vez primera algunos donde siempre han ganado. Pues se reúnen unos cuantos, se animan entre ellos, se cuentan lo que quieren oír, confunden los deseos propios con las realidades que advierten exactamente de lo contrario y reconfortados por sus mantras salen diciéndole a las gentes y ahora a sus militantes, que tranquilos, que nada, que es cosa de un poquito susto y de mentirijillas, que en un pis-pas con esto se hace ZP y que ya están remontadas las encuestas. Es el agua de un espejismo que cada día se inventa un oasis. El último, el efecto Rubalcaba, les duró una semana, hasta la siguiente encuesta, que fue aún peor y más demoledora.

El núcleo duro del zapaterismo, a saber su mujer y el "amigo invisible", han anunciado a través de los canales mediáticos afines la buena nueva a los "creyentes": que se queden tranquilos los barones porque ZP sabe medir muy bien los tiempos, que el sigue, que no va a moverse hasta el 2012 y que tengan fe en su palabra que ella los conducirá al paraíso. Aunque a los barones antes les toque bajar a los infiernos.

Ha tocado, en estos días de expansiones, uno de esos "subidotes" que le dan a nuestro gobernante y que sin solución de continuidad conjuga con sus ataques de pánico. Alguna cosa, que al resto de los mortales se nos escapa, le habrá "puesto" y sobre esa euforia ya ha construido un castillo de ilusiones. Ya tiene en su cabeza el megaplán, ya tiene todo enderezado, ya ha calculado los tiempos. Que los sabe medir muy bien, repican los campaneros de Moncloa.

Como alguien de su propio partido ha dicho, ese tiempo es el problema. Ahora Zapatero era aún y en alguna parte, aunque cada vez más residual, dueño del suyo. Es muy probable que tras las municipales y autonómicas ya no sea dueño de ninguno, tampoco de su suerte. Pero la de sus compañeros, la de su partido, estará además ya echada.

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