Para qué nos sirve Obama.

Actualizado 07/07/2015 23:08:22 CET

MADRID, 28 Jul. (OTR/PRESS) -

Espeso silencio sobre el accidente del avión de Malasia en Ucrania. Una matanza en Gaza en la que la proporción en la respuesta a la que obliga el derecho internacional es un sarcasmo. Los civiles y los niños son objetivo bélico. Apoyo Norteamericano y silencio europeo al exterminio de palestinos. Irak al borde de una guerra civil y sectaria. Libia en estado tribal, suministrando yihadistas donde hagan falta. De Egipto no nos ocupamos, aunque se divisa y se intuye lo peor. El apoyo a los insurgentes en Siria ha devenido en una fuerza islamista que no tiene fronteras ni control. Impotencia ante los planes expansionistas de Rusia.

Hubo un tiempo en que nos quejábamos del imperialismo belicista norteamericano. Hacíamos bien: fueron un cúmulo de desastres, desde el apoyo a fuerzas de invasión en Cuba, la guerra de Vietnam, el caos de Afganistán, el apoyo a las dictaduras americanas o la invasión de Irak. Semilleros de inestabilidad de un imperio que era experto en comenzar conflictos e incapaz de zanjarlos.

Muchos pensábamos que Obama era distinto. Lo ha sido en algunos aspectos fundamentales de la política interna norteamericana, como sus esfuerzos por crear un sistema sanitario para los cuarenta millones de norteamericanos sin protección. Ha avanzado en algunos aspectos importantes de la política migratoria. No se ha atrevido a iniciar ninguna regulación de la libre disposición de armas de fuego. Ni a tomar iniciativas contra la pena de muerte con escasas garantías jurídicas que está vigente en muchos estados.

La política exterior ya no tiene hegemonía norteamericana. Es una buena y una mala noticia. El mundo tiene un nuevo equilibrio geoestratégico.

China, Rusia, India y Brasil son fuerzas en expansión que empiezan a tener su propia estrategia económica y política que se va coordinando al margen de los organismos en donde Estados Unidos era quien manejaba la economía y la política mundial. La importancia de Japón, el mejor aliado norteamericano en Asia, está desapareciendo. Sobrevive un Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en donde Estados Unidos es la garantía de impunidad de Israel. Pero ya nada es lo mismo. Rusia ha sacado pecho y China avanza con sus divisiones económicas ocupando territorio, con paciencia y persistencia oriental. Todavía no le interesa la política sino como soporte de sus planes económicos. No tiene prisa.

El accidente o derribo del avión Malasio tiene todos los visos de haber sido un 11-S en el patio trasero de Rusia. Nadie se ha escandalizado de verdad y los holandeses miran asombrados los cadáveres de sus ciudadanos. El silencio y la prudencia de Obama, en el asunto del avión malasio es sospechoso en quien tiene el servicio de inteligencia más poderoso del mundo. No hay una hoja de ruta para Vladimir Putin. Las sanciones económicas pueden provocar un grave daño a la economía mundial. Y el poder y control de Putin sobre la sociedad rusa augura que aguantará el envite.

Hace tiempo que el mundo no era tan inestable. El peligro de graves confrontaciones está encima de la mesa. Y la respuesta de Estados Unidos es mirar para otro lado, incapaz de planes de contingencia para arreglar. Obama ha realizado el test de prueba y error confirmando que la Casa Blanca tiene mucha más personalidad que los presidentes que ocupan el Despacho Oval. Quienes pensábamos que podía ser un presidente distinto fuimos sencillamente ingenuos. La historia demuestra que los imperios sucumben a sus debilidades.

En el año 2008, con los juegos Olímpicos de Pekín y la crisis financiera, se comprobó que el gigante también tiene los pies de barro. Hagamos un esfuerzo para imaginar el mundo dentro de veinte años. Y mientras tanto, incrementemos nuestra indignación con el genocidio que lleva a cabo Israel con el pueblo palestino. Aunque casi nadie sea capaz de mirar de frente las matanzas de los telediarios.

OTR Press

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