La casa por la ventana

Actualizado 19/09/2007 2:00:26 CET

MADRID, 19 Sep. (OTR/PRESS) -

El presidente del Gobierno no sólo sigue en su particular discurso de que España, no se sabe muy bien por qué arte de magia, no va a sufrir consecuencias por la crisis financiera desatada en Estados Unidos a raíz de las hipotecas "subprime", sino que no ceja en su campaña de promesas con vistas a las elecciones generales. Los anuncios bien realizados por él directamente o por alguno de sus ministros se producen en paralelo a la degradación de algunas cifras del cuadro macroeconómico con la caída de la bolsa y, por tanto, de la rentabilidad de los fondos de inversión, y por supuesto con el encarecimiento de los precios y las hipotecas. En su afán por convencernos de que aquí no pasa nada, no tiene empacho en afirmar que el coste de las medidas -el cheque-bebé, las ayudas en vivienda para jóvenes, el fondo para cubrir a los morosos de las hipotecas o el dentista de los niños- es asumible, al contar las cuentas públicas con superávit.

El vicepresidente Solbes no para de llevarse las manos a la cabeza, aunque ya ha pactado con los catalanes la entrega de 4.000 millones de euros en los presupuestos del año que viene. Es decir que se hace de vez en cuando el horrorizado y otras tantas traga con lo que le dicen. No da por tanto ninguna tranquilidad su actitud como garante de que no se va a hipotecas el presente y el futuro. Algo más contundente fue ayer el gobernador del Banco de España al advertir al presidente del Gobierno que el superávit no está para gastarlo en medidas electoralistas, sino que su función es hacer de colchón para cuando vengan mal dadas. Y van a venir, porque no duda Fernández Ordoñez en que la crisis financiera acabará afectando al crecimiento económico.

En fin, la compra de votos de Zapatero nos va costar un riñón y en el peor momento para hacer gastos de este tipo. Los miles de millones en que ya se valoran las promesas anunciadas son un problema, pero no sólo por lo que costarán el año de su implantación sino los siguientes. Son gastos sin fecha de caducidad. Siempre habrá jóvenes a los que subvencionar, niños que necesiten dentista o nuevos bebés. Parece bastante irreponsable poner en riesgo el equilibrio de las cuentas públicas con más gasto, en un momento de clara incertidumbre y dificultad para todos. Se lo están diciendo por activa y por pasiva, desde dentro y desde fuera, en letra y en cifras. Sólo el afán de hacer ver a los españoles, de tergiversar la realidad, puede tapar tanto dislate. Las consecuencias se verán y más pronto que tarde.

Carmen Tomás.

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