Ni santos, ni asesinos.

Actualizado 14/11/2012 13:00:35 CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) -

Con el aumento creciente e indiscriminado de ejecuciones hipotecarias se puede caer fácilmente en la demagogia. Sería muy bonito y muy navideño que pudiéramos ayudar a todos y cada uno de los que no pueden pagar sus deudas. A los hipotecados, pero también a los alquilados, a los empresarios que ahora no venden y les embargan el local, los que se han comprado un coche o muebles o deben varias cuotas del crédito que tomaron para pagar un viaje o la boda de la niña o una operación de estética. Pero, claro, hay prioridades y además no sería justo para los que con mucho esfuerzo, la mayoría, hace lo imposible para pagar sus deudas y sus alquileres.

No se puede hacer tabla rasa porque hay algo importante que hay que preservar y es la seguridad jurídica. Todos queremos que se encuentren soluciones para los casos flagrantes y en ello se está. Tarde y a remolque de episodios dolorosos. Por ello hay que ir con pies firmes y no cargarse principios sagrados de un estado de derecho.

Aquí hay muchos culpables y grados en esa culpabilidad. El primero el Banco de España que no reaccionó cuando bancos y cajas soltaban el dinero en muchos casos con escasas garantías y que no se asustó ni puso límites a los productos, cláusulas e intereses que se manejaban y que en su mayoría permanecen en los contratos por pocos que se firmen. Los políticos y sindicalistas sentados en las cajas de ahorros que dejaron hacer e hicieron operaciones a todas luces inadecuadas. Los partidos que veían que esto iba a pasar y no hicieron nada ni siquiera cuando instituciones como el Defensor del Pueblo publicaba un informe a principios de este año con algunas soluciones. Y también algunos ciudadanos que fueron imprudentes por firmar préstamos más allá de sus posibilidades reales en ese momento y en el futuras. Los bancos no son hermanitas de los pobres, pero hombre tampoco son asesinos, como ni se pueden dejar de cumplir y hacer cumplir las leyes. Busquemos entre todos soluciones, pero sin perder la cabeza.

OTR Press

Francisco Muro de Iscar

Una gran nación

por Francisco Muro de Iscar

Victoria Lafora

Raca, raca...

por Victoria Lafora

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies