Blanco en la diana.

 

Blanco en la diana.

Actualizado 10/12/2010 13:00:19 CET

MADRID, 10 Dic. (OTR/PRESS) -

El ministro de Fomento, José Blanco, se convirtió en el centro de la diana de la intervención que el líder de la oposición protagonizó en el debate llevado a cabo en el Pleno del Congreso de los Diputados con motivo de la huelga salvaje de los controladores aéreos del pasado fin de semana y que obligó al Gobierno a declarar por espacio de quince días el estado de alarma.

Decía en un artículo anterior que si en cualquier país con un mínimo de cultura democrática -pongamos por caso, Alemania, Francia, Gran Bretaña- se produce la huelga salvaje que tuvimos que padecer en España al comienzo del puente de la Constitución, el ministro responsable del ramo al que pertenece el sector huelguista, por decencia se iría a su casa, y si no lo hace, el presidente del Gobierno lo cesaría de manera fulminante, independientemente de que la responsabilidad directa de la huelga fuera de los controladores aéreos. Pero aquí estamos hablando de la asunción de responsabilidades políticas por parte de quien no ha sido capaz de adelantarse a este conflicto. Y estas responsabilidades afectan directamente al ministro Blanco.

Para descalificar a Blanco, Rajoy -que no pidió ni su dimisión ni planteó su reprobación- empleó el recurso de reproducir unas palabras textuales -sin aclararlo previamente sino sólo al final- pronunciadas por el actual Vicepresidente Primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, en 1999 y referidas al entonces ministro de Fomento del PP, Rafael Arias Salgado: "Es un inútil con dosis importantes de caradura porque siempre encuentra una excusa para no asumir sus responsabilidades". Es decir, que Rajoy le llamó inútil y caradura a Blanco, apoyándose en esa declaración de hace once años del todopoderoso Rubalcaba. Como recurso parlamentario puede ser hábil, pero quizás excesivo llegar a ese nivel de improperios, por muchos méritos que haya hecho el actual ministro de Fomento para merecerlos.

Amén de este enfrentamiento político, el debate parlamentario transcurrió sobre la conveniencia o no de que el Gobierno utilizara el instrumento del estado de alarma para resolver un conflicto que cerró el espacio aéreo español por espacio de veinticuatro horas. El presidente, que tuvo una intervención firme y contundente a lo largo del debate, reiteró lo ya sabido: si es necesario, se ampliará el tiempo de ese estado de alarma previa autorización del Congreso de los Diputados. Sin embargo, el debate en la opinión pública es otro, y sigue centrado en la exigencia de que todo el peso de la ley caiga sobre todos aquellos controladores que de forma intolerable protagonizaron el pasado viernes un sabotaje que afectó a cientos de miles de ciudadanos y que causó asimismo graves perjuicios económicos, tanto a esos ciudadanos como al sector turístico. Lo que hicieron los controladores no puede quedar impune.

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