La dura realidad.

Actualizado 07/02/2012 13:00:31 CET

MADRID, 7 Feb. (OTR/PRESS) -

Cuando hacia las cinco de la tarde del pasado sábado -tras un recuento excesivamente largo para tener que contar menos de mil papeletas- se supo que Rubalcaba había ganado, aunque sólo fuera por 22 votos, su pugna con Carme Chacón por la Secretaria General del PSOE, muchos dentro y fuera de este partido respiraron aliviados, porque al fin y al cabo, el ganador garantizaba una continuidad con el PSOE anterior a Zapatero, es decir, el de González y Guerra, aunque Rubalcaba hubiese sido en estos últimos años uno de los colaboradores mas estrechos en los gobiernos del propio Zapatero. Por contra, Chacón era una apuesta excesivamente arriesgada, por desconocida, para unos momentos en los que los socialistas no están para muchos experimentos.

Pero por mucha euforia y subida de adrenalina que para los delegados y militantes conlleva un conclave de este tipo, la dura realidad que le toca empezar a administrar a Rubalcaba desde hoy mismo es la de un partido que ha perdido muchísimo poder municipal y autonómico -solamente gobierna y habrá que ver por cuanto tiempo en Andalucía y el País Vasco- y que cuenta en el Congreso de los Diputados con 110 escaños, la cifra mas baja desde las primeras elecciones democráticas.

En condiciones normales, al PSOE le queda una larga travesía del desierto cuya duración estará muy directamente relacionada con los aciertos o errores del Gobierno de Rajoy en la administración de la gravísima situación económica que vivimos. Es cierto que las medidas que está tomando el nuevo ejecutivo y las que tendrá que adoptar en las próximas semanas le acarrearán un desgaste social que sólo será paliado electoralmente hablando, si a medio plazo los ciudadanos empiezan a atisbar la luz a la salida del túnel de la crisis. Pero el PSOE tampoco puede aprovechar esta situación para hacer una oposición frontal. Los ciudadanos quieren ver a los dos grandes partidos nacionales arrimando el hombro para sacar al País adelante. Eso lo sabe Rubalcaba y por eso ha repetido varias veces en el Congreso de Sevilla que su oposición será útil y responsable.

Lo que no ha sido tan responsable ni inteligente es volver a agitar, como hizo Rubalcaba en su discurso de presentación de su candidatura ante los delegados, el espantapájaros del laicismo mas rancio que en este caso tuvo una concreción sorprendente: amenazar con denunciar los acuerdos que tiene el Estado Español con la Santa Sede a tenor de algunas medidas que está tomando el PP como la reforma de la ley del aborto para hacerla mas restrictiva y proteger el derecho a la vida del no nacido. Me temo que por este camino, el PSOE tardará mucho tiempo en recuperar esos cuatro millones de votos que perdieron el 20-N, en gran parte, hastiados de las políticas radicales y agresivas que en muchos campos llevó a cabo los gobiernos de Zapatero.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies