Los nacionalistas están crecidos.

Actualizado 20/07/2010 14:00:57 CET

MADRID, 20 Jul. (OTR/PRESS) -

Y no es para menos. La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña supone, en la práctica, la liquidación de la España Constitucional de 1978. La frase de Zapatero, "objetivo cumplido" pronunciada hace unos días cuando se le preguntó por su valoración acerca de la citada sentencia, resume de una manera perfecta lo que ha sucedido. El presidente del Gobierno, desde que llegó a la Moncloa en el 2004, e incluso desde antes, puso en marcha su proyecto político cuya columna vertebral era llevar a cabo la "segunda transición" en España. De ahí que a los pocos meses de alcanzar el poder dijera en el Senado eso de que el concepto de nación es "discutido y discutible"; o que prometiera a Pasqual Maragall apoyar en Madrid el texto del Estatuto que saliera del Parlamento de Cataluña; o que intentara en la anterior legislatura su mal llamado "proceso de paz" con ETA, que tuvo que congelar, que no suspender, debido al atentado de la T-4 de Barajas.

Los nacionalistas catalanes -y aquí hay que incluir al PSC que no deja de ser una mala copia del nacionalismo auténtico- han mostrado su indignación contra la sentencia, profiriendo todo tipo de amenazas y desafíos al Estado de Derecho. Unos, ERC, piden directamente un referéndum para la independencia; otros, CIU, dicen que la Constitución ya no les vale; Montilla y el PSC plantean reformar la Carta Magna y Zapatero, en un intento, sumamente irresponsable, de querer contentar a todos promete que procederá por la puerta de atrás a enmendar la plana al Tribunal Constitucional, haciendo los cambios que sean necesarios en las leyes para restituir los preceptos del Estatuto que han sido declarados inconstitucionales por el TC.

Visto lo visto, otros nacionalistas, en este caso, los del PNV, no quieren quedarse atrás. Y vuelven a desenterrar algunas de sus viejas aspiraciones soberanistas incluidas en lo que se conoció como Plan Ibarretxe. Además, el partido que actualmente preside Iñigo Urkullu es consciente de la necesidad que Zapatero tiene de ellos, de sus votos, sin ir más lejos, en el próximo mes de octubre para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado del año que viene. Y los nacionalistas gallegos y canarios, lo mismo. España está en subasta, deben de pensar.

Pero la colaboración necesaria que los nacionalistas han encontrado en el presidente Zapatero, siendo importante, no es la única. Tienen otra ayuda nada desdeñable en el líder de la oposición, que obsesionado con la estrategia de no molestar, de pasar de puntillas por las cuestiones que crean polémica, de no querer enfrentarse a la grave crisis institucional que vive España, prefiere centrarse sólo en las cuestiones económicas. Y claro, si el PP abandona el discurso de la defensa de la nación española -que en la actualidad solo enarbola la líder de UPyD, Rosa Díez- los nacionalistas están mas que crecidos. Están que se frotan las manos ante el botín que tienen delante. Ya se sabe que si en algo se distinguen los nacionalistas de quienes no lo son es que todo les parece poco. Son insaciables.

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