Oposición en la calle.

 

Oposición en la calle.

Actualizado 24/02/2012 13:00:21 CET

MADRID, 24 Feb. (OTR/PRESS) -

Han transcurrido solo dos meses desde que el nuevo Gobierno del PP tomó posesión de sus cargos y ya ha empezado a suceder lo que muchos preveían: que ante la aplastante mayoría absoluta conseguida en las urnas y, sobre todo, ante el estado catatónico en el que se encuentra el PSOE tras el bacatazo electoral sufrido el 20-N, la oposición al ejecutivo de Rajoy iba a llevarse a cabo no tanto en el Parlamento como en la calle. Han bastado unos lamentables incidentes -donde con toda probabilidad los "excesos" se cometieron por todas partes- a raíz de una protesta estudiantil en Valencia, para que esa mecha haya empezado a prender.

Pero hacer oposición en la calle tiene enormes riesgos, sobre todo para un partido como el PSOE que aspira a volver al poder en un plazo razonable de tiempo. Ver el pasado domingo al exministro de Trabajo Valeriano Gómez manifestarse junto a los sindicatos contra la reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP, no parece lo más serio, porque el señor Gómez alguna responsabilidad tendrá que en este país haya cinco millones de personas en paro. Tampoco lo debió de pasar bien la nueva portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez, cuando en la citada manifestación tuvo que oír gritos de "PSOE, PP, la misma mierda es".

Parece evidente que Rajoy tenía que contar con que iba a tener una contestación callejera en cuanto empezara a tomar medidas duras de ajuste. Y parece que lo peor, me refiero a las medidas, está aun por llegar. La cuestión, como el propio presidente ha señalado, es que las medidas hay que tomarlas para intentar salir de la crisis. En esa tarea, el principal partido de la oposición debería optar por ayudar al Gobierno aunque fuera desde una posición crítica. Pero intentar hacer eso compatible con estar al mismo tiempo protestando en la calle es sumamente complicado, fundamentalmente porque en la calle siempre van a ser superados por los grupos radicales y antisistema.

Los incidentes de Valencia, aunque comenzaron como un hecho muy circunscrito a un problema estudiantil en un Instituto público que no tenía dinero para encender la calefacción, ha sido un banco de pruebas de lo que puede pasar en otros lugares de España. El derecho a manifestarse es algo reconocido por la propia Constitución, pero tan cierto es eso como que las Fuerzas de Seguridad del Estado tienen la obligación de velar por el orden público en nuestras calles y plazas. "La calle es mía", parece que dijo en su día el recientemente fallecido Manuel Fraga. Pues no, la calle no es de nadie y es de todos, lo cual implica que todos los ciudadanos tengan que respetar unas elementales normas democráticas y que la Policía tenga que aplicarse, con el uso de la fuerza de una manera proporcionada, para impedir que se salgan con la suya aquellos que intenten saltarse esas normas.

OTR Press

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