Alarma para rato.

 

Alarma para rato.

Actualizado 10/12/2010 13:00:21 CET

MADRID, 10 Dic. (OTR/PRESS) -

Pocas veces se ha visto al presidente del Gobierno manifestarse con tanta convicción como en el pleno que el Congreso de Diputados celebró ayer para abordar el decreto de estado de alarma como respuesta a la situación límite a la que la actitud de los controladores llevó a los aeropuertos españoles. La convicción de que la actitud de estos trabajadores ha superado los límites de lo razonable estuvo presente en el pleno y cabe decir que el Gobierno salió bien parado desde el mismo momento en el que el Partido Popular, principal grupo de oposición, ha dado su apoyo al decreto del estado de alarma.

La historia de los controladores y los sucesivos gobiernos es una historia interminable y ahora se quiere terminar pero no se sabe bien como. Al menos del pleno de ayer no salió una receta pronta y creíble. Es más, la impresión más compartida es que vamos a tener estado de alarma para rato porque ¿cómo se sale del estado de alarma con unas garantías que nunca se han producido? En paralelo al pleno se iniciaba la comparecencia judicial de algunos controladores que pretenden recurrir los últimos decretos y el Fiscal General del Estado, adelantándose de manera temeraria al propio devenir judicial, ya ha adelantado que se van a pedir ocho años de prisión para aquellos que debiendo haber trabajado no lo hicieron. Además, ya son miles de particulares que han presentado las consabidas reclamaciones, de manera que entre unos y otros en el ejercicio de sus respectivos derechos se ha iniciado un complejo transito judicial.

El estado de alarma es verdad que ha devuelto la tranquilidad a los aeropuertos y a sus usuarios y son los controladores quienes aseguran que con los militares "se trabaja mejor que con AENA ", empresa responsable, pero por definición es y debe ser un mecanismo puntual y muy limitado en el tiempo. Ayer el presidente no dio pistas. Dijo que ni un día más ni un día menos de lo necesario para tener garantías de absoluta normalidad y aquí viene la "buena mano" de la que tanto se habla en las últimas jornadas.

"Buena mano" deben tener los controladores para canalizar sus pretensiones sin provocar, ni de lejos, situaciones como las vividas y "buena mano" deben tener el Gobierno y AENA para, cuanto antes, garantizar la normalidad , una normalidad ajena a la alerta en la que no se vulneren derechos de los trabajadores por mucho dinero que ganen y que al mismo tiempo se garantice el derecho de los ciudadanos a la libre circulación en situación de máxima seguridad. ¿Cómo se va a solucionar la situación si un par de centenares de controladores resultan finalmente expedientados o sentenciados a prisión? La ley hay que aplicarla. Dejar de hacerlo por temor al conflicto sólo aporta debilidad y la debilidad siempre es más provocativa que la autoridad pero hay que tener prevista esa situación y ayer el Gobierno no dio muestras de tener organizada una respuesta a esa hipotética situación que puede derivarse de las actuaciones judiciales.

El estado de alerta corre el riesgo, entre otros, de convertirse en espejismo sino no se toman medidas inmediatas y ciertas. Como esto, al parecer va a llevar un tiempo, la conclusión que ayer recorría los pasillos del Congreso es que vamos a tener alarma para rato. Si esto es así, lo que ha sido una medida aplaudida puede convertirse en la película de un fracaso.

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