Algo pasa

Actualizado 06/12/2009 13:00:20 CET

MADRID, 6 Dic. (OTR/PRESS) -

Algo pasa. Algo le ocurre al Gobierno para que la percepción de la opinión pública y de los demás grupos políticos sea la de un Gobierno que se lía consigo mismo, que se lanza a la piscina sin saber la profundidad de la misma y cuando aún no se ha escuchado el silbato que indica la salida. Y es que en menos de cuarenta y ocho horas, el Presidente ha tenido que coger el micrófono y poner orden, no se sabe bien si porque sus ministros van cada uno a su aire, sin coordinación, sin prioridades compartidas, o bien porque en el fondo del asunto esté algo aún más grave y es que en el Gobierno, cómo equipo compacto que debiera ser, no están claras ni las prioridades, ni los métodos, ni los tiempos. Sea lo que sea, algo pasa, algo le ocurre al Gobierno que transmite sensación de un ordenado desorden.

Primero fue el apoyo del PSOE a la propuesta de ERC sobre los símbolos religiosos --católicos-- en los centros educativos. La cuestión como es lógico, levantó su polémica porque se quiera o no es un asunto, este de los símbolos religiosos, más sensible, más peliagudo para el Gobierno de lo que en un principio pudiera pensarse. Tuvo que comparecer el Presidente y decir que menos prisas, que menos alarmas y que menos conclusiones, porque este apartado, "en su caso", formará parte de la Ley de Libertad Religiosa que el Gobierno quiere impulsar para, con toda seguridad, meterse en un jardín bien resbaladizo y, en mi opinión, innecesario. Y digo innecesario porque que se sepa, y afortunadamente, en España está permitido y respetado cualquier culto. Recientemente, los musulmanes en España han celebrado su Ramadán en plena libertad, que es cómo se deben hacer las cosas en un país democrático. Y hasta donde se sabe, tanto judíos cómo protestantes tienen sus lugares de culto a donde acuden con toda naturalidad cada vez que lo estiman necesario. Y así debe ser y si así es, ¿necesaria esa ley de Libertad religiosa?. Ninguna confesión no católica ha solicitado más protección legal de la ya existente.

Aparcado el asunto de los símbolos a esa Ley de Libertad Religiosa, han sido los blogeros quienes han puesto en jaque al Ejecutivo. Bueno, los blogeros, no. Más bien, el ministerio de Cultura, cuya titular da la sensación de no haber cogido el punto de lo que es ser ministro de un Gobierno. Y se lanzó. Se lanzó a hablar de comisiones de expertos en un aspecto que afecta a derechos sustanciales y cómo el de expresión o información. Después de Sinde, vino Caamaño que de derecho sabe mucho y pero se le olvidó que en España hoy por hoy no existe el concepto de "descargas ilegales" y, al final, de nuevo el Presidente para pedir calma, que aquí no se va a cerrar ninguna página web y nada se hará sin intervención judicial. Lo más serio del caso es que el asunto es que todo esto está contemplado en un artículo perdido del proyecto de Ley de Economía Sostenible, artículo que ya se puede dar por retirado antes incluso de su debate.

Da toda la impresión de que las urgencias se han apoderado de más de uno, que creen necesario un toque de hiperactividad para poder digerir el estremecedor silencio impuesto en torno al secuestro de tres cooperantes catalanes, o el pasmo que produce ver la impresentable actitud del gobierno de Marruecos ante el Gobierno español. Gobierno amigo donde los haya, que ha dado más dinero del que en justicia era necesario, que ha mimado a Mohamed, que ha mirado a otro lado --por aquello de la amistad-- cuando se ha sabido a ciencia cierta que a inmigrantes ilegales se les abandona en el desierto, que ha organizado eventos cómo si Marruecos fuera un régimen homologable. ¡Qué Gobierno tan indigno el marroquí¡ ¡Qué mal amigo está resultando ser aquel ejecutivo¡ ¡Qué ausencia total de compasión¡ Todo resulta repugnante y el Gobierno español tiene motivos más que sobrados para decir dos palabras al Ejecutivo marroquí, pero que todos las oigamos. Marruecos juega con la vida de Aminetu Haidar y con la paciencia de muchos, muchísimos ciudadanos españoles, que apostando por las buenas relaciones y creyendo en el valor y la eficacia de la diplomacia nos gustaría palpar un punto de enfado expreso de nuestro Gobierno, que ya no sabe qué hacer para solucionar un problema que le está estallando entre las manos.

 

OTR Press

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