La cruz.

Actualizado 04/12/2009 13:00:33 CET

MADRID, 4 Dic. (OTR/PRESS) -

Como en España no hay paro, no hay frentes internacionales abiertos, nuestro Estado autonómico es un ejemplo de coordinación, la economía está sembrada de brotes verdes, como nada de esto ocurre, nos teníamos que entretener en algo, había que llenar agenda y plantear debates que en la calle ni están ni se les esperan. Primero, ha sido la modificación de la ley del aborto, que ya ha comenzado su periplo parlamentario gracias al "pase" permitido por el PNV. Es un proyecto polémico, pero que el PSOE, con no pocos escalofríos internos, defiende con el ardor propio de la juventud de la ministra del ramo; es decir Bibiano Aido. Cuando llegue la campaña electoral es seguro que en los discursos del Presidente se incluirá este proyecto como ejemplo claro de lo que es para los socialistas el avance en derechos sociales.

Apagados los primeros fogonazos del debate sobre el aborto, el Congreso, a iniciativa de ERC pero con el apoyo y satisfacción del PSOE, ha planteado la retirada de crucifijos en los centros educativos. En principio se pensaba en los centros públicos, pero en el debate se fue un poco más allá y ahora la propuesta aprobada se refiere también a los centros concertados, concebidos así para garantizar la libertad de elección que asiste a los padres en lo que a la educación de sus hijos se refiere, libertad que está en consonancia con el derecho de los centros no públicos a establecer el ideario que considere oportuno, católico o no católico.

Ateos y no ateos, jóvenes y viejos, los españoles hemos crecido con el crucifijo en las aulas o en la habitación del hospital en donde nos han operado de apendicitis. Y cuando llega Navidad, los belenes forman parten del paisaje en el que, con fe o sin ella, la inmensa mayoría se reconoce. Unos con la misma indiferencia con la que se contempla cualquier mobiliario urbano y otros quizás con un punto de emoción, pero en ningún caso son ni la cruz ni los belenes elementos agresivos. Tampoco lo son las mezquitas, ni las figuras de buda, ni la cruz judía. Nada que represente un sentimiento profundo debe considerarse ofensivo, salvo que lo que se pretenda sea imponer este sentimiento o despreciar los contrarios.

España no es un Estado laico. Es un Estado aconfesional; es decir , un Estado que reconoce el hecho religioso -católico o no católico-, pero que no asume ninguno como propio y respeta todos. Desde la aconfesionalidad, ¿se puede proponer la retirada de símbolos religiosos de centros privados o concertados si estos, como ocurre en España, son en su mayoría de órdenes religiosas?

Lo ocurrido en Suiza con los minaretes ha supuesto una auténtica sorpresa. Nadie podía suponer que los ciudadanos de este país, modélico en lo que a derechos y libertades se refiere, fuera a pronunciarse en contra de los minaretes. Cuidado, que el PSOE tenga cuidado, porque no es seguro, nada seguro, que con esta idea planteada por ese grupo tan mayoritario como es ERC, el Gobierno se acerque a los ciudadanos. Que tenga cuidado el PSOE porque una cosa es el debate intelectual y otra bien distinta el sentir de la mayoría. Cuidado porque si ha resultado que los suizos no quieren los minaretes, no vaya a ser que a la mayoría de los españoles la cruz no nos moleste. Ni los minaretes, por supuesto.

OTR Press

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