Juan Carlos, Rey emérito

 

Juan Carlos, Rey emérito

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Publicado 30/06/2017 8:00:29CET

MADRID, 29 Jun. (OTR/PRESS)

Llego tarde. Las horas parecen segundos y las noticias tienen la misma vigencia que un suspiro. Consciente de todo ello y recordando aquellos tiempos en los que algunos no habían nacido, otros ya no están y los que aquí seguimos hemos dejado de ser jóvenes, resulta inevitable que cuando se celebran efemérides que hemos vivido en primera persona surga un punto de nostalgia y, ¿por qué no?, de orgullo por todo lo que se hizo. Por todo lo que hicimos, cada uno en su medida, para que hoy nuestros hijos vivan en un país libre, abierto e institucionalizado.

Se ha conmemorado el 40 aniversario de aquellas elecciones que supusieron dejar atrás el franquismo para adentrarnos en el extraordinario camino de la democracia. Fue posible porque los enemigos se convirtieron en adversarios de manera que sin que nadie lanzara consigna alguna, todos fuimos conscientes, partícipes y cómplices para hacer de España una democracia homologable a otras democracias. El objetivo trascendió a ideologías, a iras contenidas, a dolores aún a flor de piel. Las dificultades fueron enormes. Había ruido de sables y un terrorismo que día si y día también nos dejaba sin respiración.

Pero el objetivo se logró por mucho que ahora no falten quienes se empeñen en poner énfasis en las lagunas, carencias y agujeros negros que se producen siempre en cualquier tarea que tiene _y aquel objetivo lo tenia_ algo de gesta. Un punto de épica.

Quien escatime méritos a todas y cada una de las personas que desde posiciones antagónicas, quiero pensar que es porque no vivieron aquellos años. En todo caso, es legítimo opinar sobre nuestra transición a la que, lo confieso, desde la perspectiva de los años, solo me produce orgullo.

El Congreso celebró el acto correspondiente. Muchos que fueron artífices directos ya no están con nosotros pero quedan, afortunadamente, muchos mas. Y de estos, de los que quedan, es el Rey Juan Carlos, con el pueblo español como gran aliado, el principal actor, el mayor activo, el hombre clave que supo gestionar con extraordinaria inteligencia aquellos nuevos tiempos. Por ello y aunque llegue tarde, me sumo sin rechistar a todos aquellos que ha puesto encima de la mesa su asombro, su malestar y su disgusto por la estruendosa, innecesaria e injusta ausencia del Rey Juan Carlos. Él sólo se hubiera merecido un enorme aplauso colectivo de quienes se reunieron en el Congreso. Sin su olfato político, sin su buen hacer, sin su determinación de convertir a España en una democracia nada hubiera sido igual. Pero no estuvo y su ausencia ha resultado ser estruendosa y de acuerdo con lo leído, y para él dolorosa.

Constatado este error, yo diría que imperdonable, lo que queda es pedir que nadie nos hable de protocolos. No hay protocolo en el mundo mundial que no encuentre soluciones a supuestos problemas. No ha habido problemas de protocolo. Todo indica que su ausencia se debe a una decisión meditada en la que ni el Congreso ni el Gobierno son responsables. Si la Casa del Rey decide su presencia, no hay Gobierno, ni Mesa del Congreso que hubiera osado ni siquiera insinuar la conveniencia de su ausencia.

Esta ausencia que muchos hemos lamentado, no me parece una cuestión menor ni fácil comprender que quien fuera elemento clave de la transición tuviera que ver el acto a través de la televisión. Suena a desencuentro _uno más_ y desde luego a una clara injusticia. Llego tarde y no soy nadie relevante pero sirvan estas líneas como modesto homenaje, como manifestación de gratitud para quien, a mi modo de ver, ha sido un gran Rey que de ninguna de las manera se merece semejante ninguneo.

El Rey emérito, como cualquier padre, quiere lo mejor para su hijo, pero en nada hubiera perjudicado al Rey Felipe la presencia, el homenaje, el reconocimiento y el aplauso para su padre. El Rey Juan Carlos, suma. No resta.

Han pasado 40 años y todos los tiempos son nuevos tiempos. Creo que estamos ante tiempos novísimos que los que hace 40 años éramos jóvenes, y ahora ya no, contemplamos con curiosidad y humildad. No todo lo hicimos bien, es verdad. Pero, cada uno desde su sitio, intentamos hacerlo lo mejor posible. Ahora se trata de desear que todos aquellos que se han encontrado con todo hecho y se regodean en los fallos, en las carencias de aquella gesta que fue el transito de la dictadura a la democracia, lo hagan mejor que nosotros y dejen a los hijos de nuestros hijos ese mundo, esa realidad, que, al parecer, nosotros fuimos incapaces de tejer.

OTR Press

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