Operación redonda

Publicado 08/06/2018 8:01:21CET

MADRID, 8 Jun. (OTR/PRESS) -

Hay que reconocer que a Pedro Sánchez le ha salido bien. Le salió bien la moción y lo que era un sueño a medio plazo se convirtió en realidad con la rapidez de un rayo. Sin perder un minuto se dedicó a conformar su primer gobierno. La formación del mismo ha sido como una serie por capítulos. Cada día un nombre y así acaparar la atención y la tensión durante tres días. Nada de secretos. Gota a gota manteniendo el interés informativo hasta el último instante en el que él mismo anunció el nombre del ministro de Cultura.

Una hábil y estudiada estrategia de comunicación. El equipo que desde ayer acompaña al Presidente del Gobierno, no es un equipo de aliño. No se trata de salir del paso, sino de ofrecer todo un cartel electoral. "Si me votáis, esto es lo que hay", viene a decir sin decirlo el nuevo inquilino de La Moncloa. Es obvio que es un Gobierno que en su conjunto ha impactado. Hay entre sus integrantes espléndidos currículum, personas reconocibles y otras a cuyos nombres y rostros nos deberemos acostumbrar. Satisface, y mucho, la mayoritaria presencia femenina. Son mujeres las que han asumido las carteras de mayor peso y este dato, por si mismo, ya tiene un enorme valor simbólico. Ha tomado nota el Presidente y su hacedor del milagro Iván Redondo.

Desinflada la tensión, apaciguado el factor sorpresa ahora llega la hora de la verdad. Este Presidente y su Gobierno se merecen los famosos cien días de gracia, con independencia de que guste mucho o nada. Este período no está en la Constitución pero si en la tradición democrática y los que somos del plan antiguo creemos que hay cortesías que se deben mantener aunque no sea esto la cortesía y mucho menos la elegancia lo que prolifere.

Los sueños son bonitos mientras duran. Cuando se cumplen, la cosa cambia. Pedro Sánchez ha alcanzado su sueño de ser Presidente y ahora le toca manejar la realidad deseada. No lo tiene fácil y él lo sabe pese a que haya organizado un equipo "para durar". Quienes le auparon a La Moncloa no lo hicieron porque vieran en él al Presidente deseado, sino porque querían echar a Rajoy y al PP. No fueron votos a "favor de", sino "en contra de" y luego ya se vería. Y en este punto nos encontramos.

Ya veremos lo que pasa. Rajoy recordaba en la primera y breve entrevista concedida después de su despedida que un Presidente del Gobierno tiene dos competencias incontestables: formar Gobierno y convocar elecciones. A partir de ahí, depende de los demás. En este caso, la dependencia es absoluta y contradictoria entre aquellos de quienes depende. Un sudoku casi imposible para cuya resolución no vale una inteligente estrategia de comunicación ni los golpes de efectos. Le están esperando y cuidado, mucho cuidado, porque si algo nos enseña la realidad es que esta es tan cambiante como la vida misma, que en un minuto y cuando menos lo esperas, el cambio puede ser radical.

Los primeros pasos del nuevo Gobierno van a coincidir en el tiempo con el tsunami que se vive en el Partido Popular. Rajoy se ha ido. Lo ha hecho con pocas palabras, sin estridencias, muy al estilo Rajoy. No le veremos ni oiremos, no leeremos sus memorias porque no las va a escribir y será, con toda seguridad, un gran expresidente. Los suyos sienten un punto de orfandad y ahora se afanan por salir del túnel en el que entraron en apenas unas horas.

Y saldrán, como ha sabido salir el PSOE después de una crisis nunca antes vista en ningún partido político. El tener años encima como tienen los dos grandes partidos, aporta la suficiente sabiduría como para saber afrontar situaciones difíciles. El PP está en situación difícil pero no irreversible. Podemos no pudo con el PSOE y Ciudadanos no podrá con el PP. De eso se va a encargar, previsiblemente, Núñez Feijóo. Hemos vivido jornadas de auténtico vértigo político y ahora tiempo al tiempo porque aún quedan más vértigos por vivir que no tardarán en llegar.

OTR Press

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