El Papa y los enfadados.

 

El Papa y los enfadados.

Actualizado 19/08/2011 14:00:27 CET

MADRID, 19 Ago. (OTR/PRESS) -

Al mediodía, nuestro país abría los informativos de todas las grandes cadenas internacionales, dándonos a todos los españoles una publicidad realmente impagable. El Papa Benedicto XVI pisaba tierra española, al tiempo que las principales arterias de la ciudad se llenaban de peregrinos y ciudadanos en general para darle la bienvenida. Madrid ha cambiado su rostro. Enormes cantidades de grupos de jóvenes de todas las nacionalidades imaginables recorren la ciudad.

Lo hacen alegres, sonrientes, de manera ordenada y afable. Los organizadores de la JMJ se han visto desbordados en sus previsiones y cientos de miles de creyentes se sienten reconfortados, ilusionados. Como ocurre en toda sociedad democrática y abierta no todo el mundo se siente identificado ni con el Papa, ni con la Iglesia y, ni siquiera con la idea de la existencia de Dios. Tienen derecho a ello pero algo ocurre al anticatolicismo militante cuando para reafirmarse en sus tesis apelan siempre a lugares comunes. Da igual que se haya dicho por activa y por pasiva que la JMJ se sufraga por los propios peregrinos, donaciones de empresas y particulares. Da igual que se sepa de antemano que la JMJ va a dejar beneficio. Da igual que las primeras palabras del Papa en el avión que le ha traído de Roma haya sido una severa crítica a la economía que sólo busca el beneficio en lugar del bienestar del hombre. Da igual que hable de convivencia, de verdad, de libertad, de perdón. Da igual porque para los anticatólicos militantes todo se reduce al uso o no del preservativo. Es llamativo que los enfados por la visita del Papa no esgriman argumentos más de fondo, más serios. Se olvidan de las ideas para caer en la ocurrencia, en la mofa fácil, en lo patético para intentar ridiculizar a una religión y a una Iglesia que mueve a miles de millones de hombres y mujeres en todos los continentes.

Es seguro que entre ateos y agnósticos hay gentes con estupendas cabezas, que saber argumentar con seriedad y sin necesidad de ofender a nadie ni a nada sus ideas y posiciones discrepantes con la Iglesia Católica, pero con ocasión de esta visita del Papa, lo que se ha visto hasta ahora es un anticatolicismo español -el laicismo es otra cosa- ramplón y chabacano que no solo ha actuado como efecto movilizador a favor de la visita papal sino que además no ha ganado un solo adepto.

¿Es el Papa el que mueve a tantos millones de hombres y mujeres?. En la medida que tiene el liderazgo de la Iglesia, si. Rotundamente, si. ¿Tiene la piedra de la Meca un imán que atrae en contra de su voluntad todos los años a millones de peregrinos musulmanes?. No. Van porque quieren. Se acompaña al Papa, se adora a Buda, se viaja a la Meca porque el ser humano, desde el principio de los tiempos ha necesitado creer en algo y como dice el laico Sarkozy, "una sociedad que cree es una sociedad esperanzada".

Los cientos de miles de jóvenes que se han reunido en Madrid son jóvenes esperanzados y la esperanza ni tiene precio ni decae por las mofas ajenas. Madrid está siendo un buen ejemplo de ello.

OTR Press

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