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Charo Zarzalejos

UAM, vive y deja vivir

Actualizado 21/10/2016 19:19:41 CET

MADRID, 21 Oct. (OTR/PRESS) -

"La libertad ajena amplia la mía hasta el infinito" (Mijail Bakunin).

El más que lamentable episodio vivido en la Universidad Autónoma de Madrid con ocasión de la frustrada conferencia de Felipe González, junto con Juan Luis Cebrián, nos indica hasta qué punto personas y colectivos son ajenos a la idea de la libertad, salvo que esta libertad sea la suya propia.

No es la primera vez que ocurren acontecimiento similares. Hemos visto, en más de una ocasión, como se cercaban sedes del PP, como a Rosa Díez también se le impidió hablar, cómo con total impunidad, se ha llamado "asesino" a Aznar y ahora a Felipe González. Hemos visto ya muchos episodios similares, pero siempre quedaba la esperanza a los que no hemos acabado de perder un punto de candor, que con el paso del tiempo, con el afianzamiento de la democracia, con la constatación más que comprobada que es necesario respetar a determinados colectivos si queremos ser una sociedad bien articulada, que este tipo de acontecimientos poco a poco iban perteneciendo al pasado.

Pero no, no son hechos del pasado. Son hechos de hoy que indican, entre otras cosas, que el concepto y alcance de la libertad no ha entrado aún en muchas cabezas, que no forma parte de los códigos de comportamientos individuales y colectivos de demasiadas gentes. Estas gentes, estos colectivos van por la vida sin límites y como no hay límites se asaltan capillas o se derriban puertas y a un expresidente de Gobierno se le impide hablar. A Felipe González o a cualquier otra persona le asiste todo el derecho -y la ley, por supuesto,-- a expresar sus ideas y a quienes Felipe González no les gusta pueden manifestar su discrepancia, su enfado, pero con los límites que impiden que la libertad ajena se vea amenazada o cercenada.

No hay que minimizar ni restar importancia a este tipo de comportamientos. No se puede despachar diciendo que eran unos pocos o que es más agresión a los derechos humanos la situación de las personas que están en los CIES. No hay un solo derecho de ni una sola persona, sea inmigrante o nacional, sea expresidente o comerciante, creyente o ateo, hombre o mujer que no merezca protección y defensa y comprobamos con horror cómo, en más de una ocasión, se banalizan algunas agresiones.

El caso que nos ocupa está directamente relacionado con el derecho a la libertad de expresión, derecho especialmente protegido, y que encuentra en el mundo universitario uno de sus tabernáculos. Hay que tener cuidado. No se trata de dramatizar pero sí de hacer ver a esos niñatos que han nacido en libertad gracias, entre otros a Felipe González que como todos, tienen luces y sombras. Y también tener presente la memoria, porque antes que Felipe González otros fueron los agredidos, otros no pudieron hablar, otros fueron victimas de escraches y algunos que hoy protesta, y con razón, entonces se consideró que, en cierto modo, entraba en el sueldo.

Hay que tener cuidado incluso con las palabras porque en contra de lo que se cree no siempre se las lleva el viento. Hay que tener cuidado porque lo que hacen a otros se lo pueden hacer a uno mismo. Cuidado, porque como nos recuerda el revolucionario ruso Mijail Bakunin "la libertad ajena amplia la mía hasta el infinito".

OTR Press

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