Yo, Pablo, líder de la oposición.

Publicado 01/03/2015 12:00:22CET

MADRID, 1 Mar. (OTR/PRESS) -

Las urnas le han colocado en el Parlamento Europeo, pero él solito se ha autoerigido en líder de la oposición. Ante un auditorio de 500 personas y otras muchas que no pudieron entrar, Pablo Iglesias se agarró a los papeles que llevaba preparados, como cualquiera de la casta, para protagonizar su virtual debate del estado de la Nación.

Poco a poco su discurso se va puliendo, pero eso da igual. Los que le aplaudían hace seis meses, lo siguen haciendo ahora porque lo de menos es el discurso. Se aplaude a un símbolo, a un icono nacido antes de ser parido por las urnas para ocupar un escaño en el Congreso de Diputados. Pero también eso da igual. Pablo Iglesias se ha autoerigido en líder de la Oposición y pide un debate con Mariano Rajoy cuando quiera y como quiera. De momento, el Presidente del Gobierno tiene la agenda bastante ocupada.

Iglesias, que ahora nos lleva a Alemania después de haber pasado por Finlandia, es un buen orador, tiene una dialéctica ágil y se le nota muy leído y muy pragmático, tanto que en el acto de autoproclamación no estuvo presente Juan Carlos Monedero. En ocasiones su estilo casa poco con quien quiere dar una patada al tablero para que todo cambie. No admitió preguntas de los periodistas y tuvo amnesia total respecto a los pasos atrás que ha tenido que dar su partido hermano en Grecia. Iglesias, como todos, tiene memoria selectiva y en una autoproclamación virtual todo vale. Cuando se siente en el Congreso y verá cuantos se van a encargar de ponerle al día.

El referente de Iglesias es Rajoy porque lo suyo, aunque no lo diga, es también el bipartidismo; pero el suyo, ese en el que el PP sea un partido débil y el PSOE irrelevante, tanto que ni merece la pena citarle. Fue Iglesias y no Rajoy quien dio un bajonazo de libro a Pedro Sánchez. Le despreció hasta el punto de no citarle. "El líder soy yo", dice Iglesias pese a los esfuerzos de Sánchez por negar a Rajoy el pan y la sal para, a continuación, llevar al Congreso la voz de quienes no tienen voz. Sánchez quiso en el debate del estado de la Nación contentar a los suyos y al mismo tiempo hacer meritos para que la izquierda dispersa viera en él era al eficaz altavoz de sus descontentos. Ni por esas. Iglesias se ha propuesto dejar al PSOE sin sitio y camino lleva de conseguirlo porque para ocupar el lugar preferente de la izquierda no basta con sacar a Bárcenas a pasear, ni sacar de quicio al Presidente. Eso, en política, es flor de un día.

De momento Pablo Iglesias es europarlamentario y es seguro que llegará al Congreso de Diputados pero hasta que llegue es lo que es y el líder de la oposición, mal que le pese, es Pedro Sánchez. Iglesias tiene que esperar turno, pedir la vez y luego contar votos y de aquí a entonces a quien plantea una seria papeleta no es al PP sino al PSOE cuyo terreno de juego se achica. Si de lo que se trata es echar a Rajoy, según se constató en el debate del estado de la Nación, Pedro Sánchez tiene la obligación primera de elegir el terreno en el que quiere jugar porque si su discurso es el de la enmienda a la totalidad al Gobierno del PP, ahí le va ganar siempre Podemos. A fín de cuentas Pablo Iglesias no congeló pensiones, ni dejo tres millones de parados, ni tiene la sombra de los ERES. Es verdad que Iglesias nunca criticará a Maduro como critica a Rajoy, pero para sus seguidores Venezuela está muy lejos y el lío de Monedero con sus trabajos y facturas confidenciales no es nada al lado de "los que han robado a manos llenas".

A Iglesias los suyos y los que no son tan suyos, le perdonan todo o casi todo. Dicen que el PP y el PSOE son los responsables de su auge y quizás no les falte razón pero el auge de Podemos es fruto, sobre todo, del descreimiento profundo que se ha instalado en buena parte de la sociedad. Descreimiento hacia todo porque según algunos todo, absolutamente todo está mal hecho y hacia todos porque todos son igual de perversos, chorizos e ineficaces, pero ahí está Pablo Iglesias para librarnos de todos los males que nos acechan. Iglesias se ha autoproclamado el nuevo Moisés que nos llevará a la tierra prometida.

La autoproclamación de Iglesias no resta un ápice de legitimidad a quienes hoy se sientan en el Congreso de Diputados. El Presidente del Gobierno es Mariano Rajoy -Iglesias si se lo cree- y el líder de la oposición, Pedro Sánchez, aunque nuestro particular Moisés le ignore que, en política, es el peor de los insultos. Como esto es lo que hay, como esto es lo legitimado por las urnas, Iglesias tendrá que esperar. Ponerse a la cola y pedir vez como hacen todos en democracia. De momento es un político que legítimamente pugna por ganar, pero solo eso.

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