Desiguales no, diferentes sí

Actualizado 04/10/2007 2:00:27 CET

MADRID, 4 Oct. (OTR/PRESS) -

El tema de la inmigración es "El Tema" con mayúsculas del mundo al que pertenecemos como europeos, el gran reto de nuestra civilización porque, esto, no nos engañemos, es lo que está en juego: nuestra forma de ser y de pensar, nuestro acerbo cultural, nuestros valores democráticos... En pocas palabras, todo lo que de bueno, noble y bello hemos sido capaces de construir en estos veinte siglos a base de ir restando "pasitos atrás" y sumando "pasitos adelante". El carácter de "invasión" que a veces parece revestir la masiva afluencia de inmigrantes es lo que nos hace percibir este fenómeno como "un problema" en vez de cómo la gran "oportunidad" de progreso y enriquecimiento mutuo que en mi opinión puede llegar a ser, siempre y cuando nosotros, los europeos, seamos capaces de encontrar juntos la respuesta adecuada a la pregunta que nos estamos haciendo desde que el "goteo" de la inmigración se convirtió en "catarata": ¿Cómo integrar a personas con costumbres tan distintas e incluso contradictorias en nuestra sociedad?

Que los inmigrantes tienen que respetar las mismas leyes que rigen y ordenan nuestra convivencia yo creo que está fuera de duda; pero episodios como el del velo de la niña musulmana que es noticia estos días no tienen una ley de referencia. No es la primera vez que ocurren. Ni Shaima Saidani es la única niña que acude con velo a nuestras escuelas públicas. Lo importante, en mi opinión, no es velo sí o velo no, sino educar a las niñas musulmanas en la libertad y en la igualdad para que puedan elegir su camino. Pero, mientras no regulemos el uso del velo en la escuela pública como ha hecho Francia - o como nosotros mismos ya hemos hecho respecto a la ablación del clítoris legislando que semejante salvajada sea delito tanto si se realiza fuera como dentro de nuestro país - las pequeñas "sahimas" seguirán siendo noticia a su pesar, y para su desgracia, porque no creo que ir al colegio entre una nube de fotógrafos y de cámaras facilite precisamente la integración de las niñas musulmanas de 9 años en su nuevo entorno

La integración no es global sino plural, la propia sociedad española también es plural, y no todas las costumbres culturales o religiosas de los distintos grupos de inmigrantes "atentan" contra nuestras leyes; este es, desde mi punto de vista, el criterio a observar. La "desigualdad" es lo que hay que proscribir, pero la "diferencia" es legítima; la "diferencia" enriquece. Si por "integrar" entendemos, como a veces parece, estabular como ovejas a los inmigrantes en lo "políticamente correcto"; pecaremos de lo que criticamos: nosotros seremos los "ayatolás".

Consuelo Sánchez-Vicente.

OTR Press

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