El discreto encanto de la dignidad

 

El discreto encanto de la dignidad

Actualizado 05/05/2008 2:00:41 CET

MADRID, 5 May. (OTR/PRESS) - Los españoles somos especialmente cicateros con los vivos e igual de especialmente generosos con los muertos, y hacemos bromas de ello, casi humor negro. Sin el casi en realidad. A quienes vivimos el traumático momento histórico que tuvo que liderar el presidente Leopoldo Calvo Sotelo, sin embargo, solo el cinismo podría llevarnos a considerar generosidad póstuma los elogios que la clase política le está dedicando tras su inesperado fallecimiento. Tardíos, sí; pero generosidad, en mi opinión, no: justicia.

Recordar que Calvo Sotelo formó parte del puñado de personalidades del franquismo que realizaron en 1977 la tarea de 'agruparse' alrededor de Suárez para "desmontar el aparato de la dictadura y facilitar la recuperación de la democracia", o que cuando le tocó acometer en 1981 desde la presidencia del Gobierno la 'recomposición' de UCD tras la dimisión de Suárez y la intentona golpista del 23-F, lo que estaba en juego no era la continuidad en el poder de su partido si no la continuidad misma de la democracia, como ha hecho Alfonso Guerra, yo creo que es un acto de justicia. Que, "además de por sus seres queridos, merece ser recordado por su aportación a la democracia en un momento tan difícil", como ha dicho Gaspar Llamazares, yo creo que es un acto de justicia.

Como ha señalado el líder de ERC en el Congreso, Joan Ridao, "con sus aciertos y sus errores" el presidente Leopoldo Calvo Sotelo "pilotó" el paso "de un centro político artificioso, como se demostró con el hundimiento de la UCD, hasta la creación del espacio político de derecha que ocupa hoy el PP". Y como ha dicho su sucesor en el cargo, el presidente Felipe González, practicó la política "con mayúsculas", y fue un ejemplo de "lealtad al Estado" y de honestidad personal. Como reza el mensaje que ha enviado Rajoy, "la pérdida de una figura de la calidad humana y la relevancia de un hombre de Estado como Leopoldo no puede sino sumirnos en la tristeza, al tiempo que nos obliga a mostrar el agradecimiento por el ejemplo vital y político que nos deja". El presidente Leopoldo Calvo Sotelo accedió al cargo en las circunstancias más adversas, y supo llegar, estar y marcharse con dignidad. Recordarle como "un gran servidor de España", como le ha definido el presidente del Senado, Javier Rojo, yo creo que es un acto de justicia. Subrayar que fue "una persona íntegra", como ha hecho Durán i Lleida, yo creo que es un acto de justicia. Agradecerle que significase "la tranquilidad en un tiempo de sobresaltos", como ha dicho el presidente del Congreso, José Bono, yo creo que es un acto de justicia.

Consuelo Sánchez-Vicente

OTR Press

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