Escuchemos a la Naturaleza

Actualizado 22/10/2007 2:00:28 CET

MADRID, 22 Oct. (OTR/PRESS) -

Hablando hace años de la asombrosa capacidad del virus del SIDA para defenderse de los intentos de encontrar una vacuna mutando sin parar, un amigo médico me explicó que la misión de la Naturaleza no es preservar nuestras vidas particulares si no "la vida", y que las enfermedades son el mecanismo de defensa de la Naturaleza contra el ser humano. Según vayamos encontrando la forma de vencer las nuevas enfermedades, decía, irá "inventando" otras para "matarnos". Cada vez más sofisticadas: como nuestros esfuerzos por "acabar" con la vida. Porque el ser humano, decía, es el único depredador de todos los que existen con la suficiente inteligencia como para acabar con la vida sobre la Tierra, y nunca, concluyó, ninguna civilización ha sido tan "peligrosa" para la vida como la actual; nosotros.

La conmovedora declaración mediante la que el ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall ha revelado que una de las más terribles enfermedades todavía incurables, la enfermedad de Alzheimer, ha hecho presa en él, es lo que me ha animado a dedicar este artículo a compartir con ustedes algunas de las muchas reflexiones que desde entonces me ha sugerido aquella conversación. La primera, tal vez por deformación profesional, es el poco espacio que dedicamos los medios de comunicación a las cosas verdaderamente importantes. Lo que no se nos va en sucesos o "casquería" (todo por la audiencia), se nos va en cosas "de los políticos", que no en "política". La segunda, lo trastocadita que tenemos, no solo los medios de comunicación, la escala de valores en estos tiempos en que todo se lo come "la prisa".

Miles de familias conviven a nuestro alrededor cada día (en realidad cada minuto de cada día) con la tragedia del Alzheimer, pero solo cuando este monstruoso mal que nos roba la identidad afecta a alguien famoso, los medios lo damos en portada. Solo entonces cada uno de los ciudadanos tomamos conciencia de que nosotros podemos ser la próxima víctima. Y, solo entonces, reaccionamos como sociedad. Solo cuando vemos alguna de estas enfermedades aterradoras en portada, la sensación de indefensión y de vulnerabilidad que nos producen y que inconscientemente nos empuja a olvidarnos de quienes las sufren salvo en los "Días de" (el cáncer, el SIDA, el Alzheimer: negar que lo que nos asusta existe nos hace sentir, inconscientemente, "a salvo") se transforma en acción.

En exigencia de recursos para investigación (por ejemplo los de las guerras), y en ganas de actuar también nosotros, de "ayudar". La ayuda decisiva, sin embargo, no está en los despachos ni en los laboratorios sino en nuestro corazón. Contra las enfermedades, o contra el cambio climático, escuchar más a la Naturaleza yo creo que es la única forma de "animarla" a que su primera y principal prioridad deje de ser (por defenderse de nosotros), "matarnos".

Consuelo Sánchez-Vicente.

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