Lo que Assange esconde.

Actualizado 22/08/2012 14:00:22 CET

MADRID, 22 Ago. (OTR/PRESS) -

La escenificación política y mediática desde la embajada de Ecuador en Londres del fundador de Wikileaks ha sido recogida en los medios de comunicación de todo el mundo, y ha dado lugar a múltiples interpretaciones. No solo por él, sino por la afición a los focos y las cámaras de su abogado defensor Baltasar Garzón. Julián Assange salió al balcón de la embajada, donde lleva dos meses enclaustrado, para hacer un mitin político en toda regla con un mensaje claro: "Pido al presidente Obama que haga lo correcto y que ponga fin a la caza de brujas contra Wikileaks", dijo, convirtiendo su discurso en un canto a la libertad de expresión, que considera amenazada.

Supongo que aconsejado por su abogado defensor no hizo ninguna referencia, ni una, a la causa que tiene abierta y lo que más me llama la atención de este asunto es que la misma solo es merecedora de unas líneas, y muchas veces ni eso, en la cascada de informaciones que se están publicando sobre el asunto.

Assange quiere evitar a toda costa su extradición a Suecia donde debe ser interrogado por delitos repugnantes como el de la violación de Anna Ardin y abusos sexuales a Sofía Wilen. Se le acusa de haber forzado a una de las presuntas víctimas mientras dormía sin utilizar preservativo, y también es sospechoso de agresión sexual a la otra, quien expresamente le pidió no tener relaciones sexuales sin protección. El abogado de una de ellas dio a conocer que la víctima intento contactar con Assange, tras la agresión sexual, para que se sometiera a un test del Sida y al intentar obtener su teléfono a través de la otra fue cuando ambas supieron que habían tenido experiencias similares que además eran constitutivas de delito por lo que acudieron a la policía.

El fundador de Wikileaks, que inicialmente negó haber mantenido relaciones sexuales con ambas, finalmente reconoció que habían existido, pero rechazó rotundamente las acusaciones de violación o agresión sexual encuadrándolas en una campaña de desprestigio a Wikileaks.

Esos son los hechos y a partir de ahí se puede pensar de todo: que fue una mera encerrona para apartar a un personaje incómodo, que hay una caza de brujas o lo que se quiera... Pero, lo que está claro es que es que ni Suecia -el país que ha solicitado su extradición para interrogarle- es una república bananera donde se vulneran los derechos humanos, ni es de recibo que se compare -como él hizo- a Obama con el senador McCarthy, haciendo un paralelismo entre la persecución del delito de revelación de secretos, con la depuración indiscriminada de ciudadanos que se llevó a cabo hace 60 años en EE.UU. porque se sospechaba que simpatizaban con el comunismo.

Todo esto es una exageración, como exagerado es que un solo un hombre, por importante que sea, trate de unir el futuro de la democracia a su propio futuro y se crea el único habitante de la tierra capaz de defender la libertad de expresión.

El asunto dará mucho que hablar porque se han juntado el hambre con las ganas de comer, y el afán de protagonismo tanto del defendido como del defensor es insaciable. Y por si fuéramos pocos, le salen palmeros del tipo de Hugo Chávez o Rafael Correa. Solo recordar que el presidente ecuatoriano cree tanto en la libertad de expresión que prohíbe a sus ministros hablar con los medios no oficiales, ha cerrado 30 emisoras de radio en los últimos años, ha puesto en marcha 18 procesos judiciales contra periodistas y medios críticos con su gestión y está impulsando una ley de comunicación para poner la mordaza a quienes no le sean afines. Con amigos así ni Assange ni Garzón necesitan enemigos. A eso se le llama coherencia, ¡sí señor!

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