Funcionarios y...funcionarios.

Actualizado 20/10/2010 14:00:48 CET

MADRID, 20 Oct. (OTR/PRESS) -

El dato es claro y muy revelador: solo el 60 por ciento de los empleados públicos que existen en nuestro país son funcionarios de carrera. El resto está formado por personal laboral, cargos de confianza e interinos. Eso por lo que se refiere a la Administración Publica, ya que los datos de la contratación a dedo se dispara en los ayuntamientos y comunidades autónomas. La cosa viene a cuento de la rebaja del sueldo a los funcionarios en la que el gobierno ha hecho tabla rasa, primando la contratación de amiguetes frente a los que consiguen su plaza con estudio y trabajo. Esta claro que según el gobierno los gastos de personal de las administraciones son insostenibles, pero hasta llegar a este punto nadie ha puesto freno al desmadre de contratación de personal a dedo y de confianza que bajo el genérico de "asesores" se han multiplicado por miles en los últimos años.

No seré yo quien colabore a agrandar esa imagen falsa de que los funcionarios tienen todos un perfil de vagos, que se limitan a fichar y cubrir el expediente sabiendo que tienen su trabajo garantizado de por vida en tiempos difíciles. No es cierto y además considero injusto ese estereotipo. Conozco a muchos funcionarios que tienen una entrega total y absoluta, que no saben de horarios y si de responsabilidad para que las cosas salgan bien. Es verdad que hay otros muchos que han hecho un arte de la política del escaqueo, que son las manzanas podridas que perjudican a todos sus compañeros, pero eso no es excepcional en la cosa publica. También hay buenos y malos trabajadores en la empresa privada, solo que el nivel de exigencia es mucho mayor y también es, infinitamente diferente la facilidad con la que a estos malos trabajadores los ponen de patitas en la calle, sino cumplen.

Sea como fuere la política del dedazo es muy perjudicial para el funcionariado y, de hecho, cada vez son menos las plazas que salen a oposición, porque sus puestos los están ocupando personas de confianza del político de turno que además tienen un alto grado de sumisión. Esta claro que las contrataciones laborales se hacen con un método de ingreso que no garantizan los principios de merito, capacidad e igualdad y que, en definitiva, un funcionario de carrera garantiza mucho mejor la independencia. Es mas para rebajar el gasto inasumible bastaría con cerrar el grifo de la contratación de asesores y gabinetes y redistribuir esos trabajos entre el funcionariado de carrera, lo que significa aprovechar mejor los recursos existentes.

El problema es que para los políticos resulta más conveniente optar por personas de confianza sobre quienes es mucho más fácil influir de forma partidista que por independientes y ahí esta el quid de la cuestión. En esto no hay distingos. Da igual el partido político que sea. Todos quieren arrimar el ascua a su sardina y si encima a ellos no les cuesta un duro miel sobre hojuelas. Convertir a los funcionarios en los chivos expiatorios de la crisis es muy fácil. Lo difícil es hacer las cosas bien y a ser posible pensando en el bien general pero eso es harina de otro costal.

 

OTR Press

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