De huelga y contradicciones.

 

De huelga y contradicciones.

Actualizado 14/11/2012 13:00:38 CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) -

Escribo estas líneas, 24 horas antes de la huelga general, por lo que es pronto para prever el éxito o el fracaso de la convocatoria. Lo cierto es que los sindicatos UGT y CCOO han convocado dos huelgas generales contra el gobierno de Mariano Rajoy en menos de un año. La diferencia entre esta convocatoria y la anterior, del 29 de marzo, es que entonces la protesta era contra la reforma laboral, mientras ahora los sindicatos pretenden que los trabajadores vayan a la huelga para forzar al gobierno a convocar un referéndum sobre los recortes y los ajustes del gasto público. Ni más ni menos lo que quieren es que el gobierno se haga sí mismo una enmienda a la totalidad, una moción de censura y no lleve a cabo las medidas que considera necesarias para salir de esta.

Está claro que la delicada situación económica del país es motivo más que suficiente para que haya una contestación social, pero eso es una cosa y otra muy distinta que los sindicatos conviertan la huelga general- el último cartucho que tienen en la recámara cuando se agotan todas las vías de diálogo- en algo de andar por casa.

Convertir la huelga general en algo cotidiano que utilizan cada dos por tres, es simplemente descafeinar su objetivo que es, ni mas ni menos, intentar torcer el puso al gobierno de turno para que dé marcha atrás a sus medidas. En este país ha habido seis huelgas generales -ocho si se añaden los grandes paros parciales- y solamente dos la del 14-D, que se hizo contra el gobierno de Felipe González y posteriormente la que se convocó contra José María Aznar, tuvieron los resultados esperados. La primera marcó un antes y un después en el gobierno de Felipe González y sobre todo quebró su relación histórica con la UGT, liderada entonces por Nicolás Redondo y, en cuanto a la de José María Aznar, consiguió frenar su pretendida reforma laboral. Ambas fueron muy diferentes, pero tuvieron en común no solo que fueron secundaras masivamente sino que doblaron el pulso los gobernantes del momento.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Primero porque durante el gobierno de Zapatero cuando las filas del paro se incrementaban sin parar hasta alcanzar los 5 millones, los sindicatos, y especialmente la UGT estuvo silente y ese silencio cómplice en nada benefició a los trabajadores. Sólo en el último momento y tal vez por vergüenza torera los sindicatos decidieron hacerle una huelga general al socialista Zapatero. Ahora, sin embargo, a Rajoy le han negado el pan y la sal desde el primer momento con contradicciones escandalosas, por lo que es inevitable ver una doble vara desmedir cuando gobierna la derecha. ¿ O no es una contradicción que convoquen una huelga general contra la reforma laboral, pero luego la apliquen sin rechistar hasta en sus extremos más duros cuando les toca ellos despedir a sus trabajadores, con 20 días por año trabajado?.

No seré yo quien colabore en una campaña de desprestigio contra los sindicatos, a los que considero necesarios en el pleno desarrollo de la Democracia. Pero sí soy muy crítica con la forma en que éstos han evolucionado, alejándose cada día más de los trabajadores para defender su pequeña cuota de poder. No es de recibo que aquí todo el mundo se haya apretado el cinturón: los funcionarios hayan visto recortados sus emolumentos, los políticos -aunque sea sólo por el qué dirán -se hayan quitado parte de sus privilegios y casi todos estemos padeciendo en nuestras nóminas las devastadoras consecuencias de la crisis, y los líderes sindicales no se hayan dado por aludidos.

Aunque sólo fuera como una acción ejemplarizante deberían haber salido hace mucho tiempo ante la opinión pública, anunciando que renunciaban a parte de sus salarios, que eliminaban el número escandaloso de liberados, y que estaban dispuestos a sostenerse solamente con las cuotas de sus afiliados.

Otro tema es la oportunidad de la huelga. Está claro que además de perder horas de trabajo, lo que afecta la productividad, se va a perjudicar la imagen de España en un momento en el que todos los ojos están puestos en nuestro país y miran con lupa si somos capaces de cumplir nuestros compromisos. Tal vez este tema sea menor para CCOO y UGT pero si España no sale esta los perjudicados somos todos los trabajadores.

Al final el éxito o el fracaso de esta huelga consistirá en lo de siempre: en si los piquetes informativos son capaces de paralizar el transporte en las grandes ciudades. La cuestión estará en si aquellos que quieran trabajar podrán hacerlo libremente o no. Tan lícito es el derecho a la huelga como el derecho a acudir al trabajo de quienes quieran hacerlo y por lo tanto se entiende mal que los piquetes llamados informativos terminen convirtiéndose en piquetes coactivos, como ha ocurrido en otras ocasiones. Y luego están los que aprovecharán el río revuelto para la ganancia de los pescadores, como ha hecho el PSOE con ese vídeo en el que invitan, por primera vez en la historia, a sumarse a la huelga. Pero ese es otro debate que merece una columna aparte. ¡ Vivir para ver! ¡Quién no lo iba a decir hace tan sólo un año!

OTR Press

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