Huelga y salvajes.

Actualizado 03/07/2010 14:00:36 CET

MADRID, 3 Jul. (OTR/PRESS) -

Querían reventar Madrid y lo que les ha reventado a ellos, entre las manos, es la opinión pública, harta de que el abuso de unos pocos liquide la libertad de elección de muchos. Querían hacer una huelga política, enseñarle un poquito los dientes a Zapatero, pero dándole una sonora bofetada a Esperanza Aguirre, que es "una carca, de derechas que se merece una lección mayor que la del presidente" pero, lo que han hecho es que toda la clase política, salvo raras excepciones, les señale con el dedo acusador de quien no desea que nadie se salte la legalidad a la torera.

Es verdad que los huelguistas del metro madrileño consiguieron convertir Madrid en un auténtico caos, en una ratonera, donde pocos por no decir nadie entendía, por desconcertante, lo que estaba ocurriendo. Lo que inicialmente era un huelga intermitente con unos servicios mínimos razonables para un servicio público, se convirtió en una huelga indefinida y salvaje con toda la parafernalia propia de las movilizaciones de principios de siglo: sabotajes, piquetes violentos, amenazas graves, incluso agresiones e insultos a cualquiera que tuviera la mínima tentación de ejercer de esquirol.

Resulta que los trabajadores del metro de Madrid se creen una casta aparte, una suerte de privilegiados a quienes no les puede afectar los recortes de la crisis. Cualquiera de los 7.000 empleados se cree con más derecho que un médico que debe operar a corazón a abierto para salvar vidas, con mas derechos que un profesor que tiene en sus manos el futuro de las nuevas generaciones, con muchos más derechos que un alcalde, un diputado o que el mismísimo Presidente del Gobierno, que están sometidos al veredicto de las urnas y todos ellos afectados por una bajada salarial como el común de los mortales. A los políticos se les puede exigir que se aprieten el cinturón y lo mismo a los funcionarios, pensionistas, autónomos, etc. A todos menos a los empleados del metro de Madrid que son intocables. Ellos se niegan aceptar el recorte salarial que quiere imponer el gobierno de Esperanza Aguirre, en cumplimiento, por cierto, del decreto ley de ajuste presupuestario aprobado en el Congreso y que afecta a todo el sector público y para ello pisotean los derechos de mas de dos millones de usuarios. Escupen a la cara y se ríen de los madrileños, de todos los madrileños, menos del colectivo gay el único sector al que han tenido en cuenta para que puedan celebrar su fiesta en paz y evitar así que les llamen homófonos... faltaría mas...

Han hecho una huelga salvaje, pero lo más salvaje de todo es que han quedado retratados y precisamente su salvajismo les ha puesto en contra a toda la opinión pública. Los ciudadanos empiezan a estar hartos de un sindicalismo de moqueta que dice amén a todo lo que hace el gobierno que les da de comer y cuando no se salen con la suya se fuman un puro con la legalidad y abusan del poderoso instrumento que controlan comportándose como dictadorzuelos del tres al cuarto. Querían reventar Madrid y lo que ha reventado es el vaso de la paciencia de los ciudadanos. Ojala que todo el peso de la ley recaiga contra estos salvajes que han querido que volvamos a la ley de la selva.

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