Delincuentes, capullos, fiesta y funeral

 

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Más que palabras

Delincuentes, capullos, fiesta y funeral

Publicado 29/10/2016 8:00:32CET

MADRID, 29 Oct. (OTR/PRESS) -

Escribo estas líneas, tras la resaca del debate de investidura, horas después de que se produjera la primera votación y antes de la segunda. Por lo tanto, aunque se da por hecho que Mariano Rajoy será el nuevo presidente del gobierno, aún queda la duda de qué papel jugará el PSOE en la votación del sábado, y ese asunto dará que hablar.

Durante el rifirrafe entre Mariano Rajoy y Pablo Iglesias yo estaba de comentarista en las "Mañanas de Cuatro " y un buen amigo, que había asistido como invitado a la sesión del Congreso, me escribió lo siguiente: "PP y Podemos de fiesta .... el PSOE de funeral". Ese podría ser un diagnóstico muy preciso de lo que se estaba viviendo en vivo y en directo en el hemiciclo de la carrera de San Jerónimo, donde hubo de todo y por su orden.

A mi me gusta el parlamentarismo a rabiar, y de hecho los mejores momentos de mi profesión posiblemente los haya pasado en el Congreso de los diputados, por lo que no soy ni mucho menos de las que se rasgan las vestiduras o se ponen estupendas, cuando veo enfrentamientos broncos, siempre que no se sobrepase la delgada línea del respeto personal entre adversarios.

Durante los últimos tiempos, muchos de los periodistas más veteranos hemos echado de menos aquellas tardes gloriosas de Alfonso Guerra y parte de la generación de entonces, enfrentándose como toros de Miura a lo que les pusieran por delante. Hemos visto confrontaciones agrias, debates encendidos y, momentos durísimos en los después de las agarradas más fuertes, solía hacerse un silencio que resultaba atronador. Todo eso mucho más lo veíamos como algo normal en el día a día del hemiciclo. A mí no me importan los debates parlamentarios de gran intensidad incluso si se oyen palabras gruesas. Un buen parlamentario con un discurso ahormado, bien estructurado y definido ideológicamente puede, en el fragor de la batalla dialéctica, pasarse un poco de frenada y no pasa nada.

Reconozco que mí me gustó mucho y me divirtió el criticado cara a cara de Mariano Rajoy y Pablo Iglesias porque fue duro, intenso, ocurrente, irónico, un combate de boxeo en toda regla donde si uno pegaba en la mandíbula, el otro lo hacía, como poco, con igual intensidad, amenizado por esa ironía experta de un Rajoy que sacó lo mejor de su galleguismo.

Muchos creemos que la sesión del debate de investidura fue un fiel reflejo de lo que cabe esperar de esta legislatura. El borrón, el punto negro y absurdo estuvo en la actitud de los diputados de Podemos cuando abandonaron en bloque el Hemiciclo en protesta por una alusión Rafael Hernando, y la negativa de la presidenta de la Cámara a darle a Iglesias un turno de palabra para responderle.

El espectáculo que montaron los seguidores de Iglesias fue un numerito más propios de un reality televisivo que de la institución a laque pertenecen los diputados de Podemos gracias a las urnas. Por eso Albert Rivera acertó, plenamente, cuando les dijo que no se puede tener "la piel tan fina" en un asunto reglamentario menor, después de que Pablo Iglesias dijera durante su intervención cosas de calibre grueso como que "hay más delincuentes pontenciales dentro del Congreso que fuera". Eso sí es fuerte y todo lo demás... baratija.

Está claro que la bronca ha venido al Congreso para quedarse, pero de todo se harta uno y cuando tienes la lengua afilada y lista para embestir contra el adversario político, lo que no puedes pretender es que los demás se queden de brazos cruzados. Iglesias quiso tener un momento desafiante, similar a aquel de la cal viva de Felipe González pero el asunto es que ese tipo de provocaciones, que se convierten en titular fácil de mover en Twitter, suelen esconder una falta de discurso y solvencia política que al final pasa factura. Es verdad que tras la frasecita se escucharon en las filas de los adversarios de Podemos -que son todos menos las confluencias- insultos malsonantes como "capullo" "payaso" "terrorista" "gilipollas", algo también impropio de un diputado. Tal vez ese era el objetivo: sacar de quicio a la gente y poder aprovecharse de ello en las redes. ¡Que legislatura más divertida !!!

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