Grecia no es España

Actualizado 28/01/2015 12:01:05 CET

MADRID, 28 Ene. (OTR/PRESS) -

Ni Grecia es España ni Podemos es Syriza, ni nada de lo que estamos viendo en ese país tiene un paralelismo con España. Seis años de recesión y cuatro de austeridad es verdad que han cambiado por completo el mapa político de Grecia. Alexis Tsipras, el nuevo primer ministro heleno, ha roto cuatro décadas de bipartidismo y ahora, ¡qué paradoja!, gobernará con el apoyo de la derecha nacionalista, los llamados Griegos Independientes, formado por disidentes de Nueva Democracia, el partido del Gobierno hasta el pasado domingo. Así, de entrada, visto desde la distancia, lo único que les une a ambos partidos es su rechazo al pacto de austeridad con la Troika, pero ideológicamente están en las antípodas. La derecha nacionalista es profundamente defensora de la Iglesia ortodoxa, aboga por la mano dura contra la inmigración, está en contra del aborto, de la libertad de credo, del matrimonio homosexual, etc., etc., mientras que los seguidores de Syriza defienden todo lo contrario. Dicen que no se da en Grecia una alianza similar desde el Gobierno de coalición entre conservadores y comunistas a principios de los 90. En aquella ocasión se hizo como modo de salvación por los casos de corrupción, pero lo que ocurra ahora con esta alianza antinatura todavía es una incógnita.

España no es Grecia ni por tamaño, ni por economía, ni por estado de bienestar, ni por nada. Tampoco lo es por la forma en que la izquierda afronta los pactos. Aquí da la sensación de que a todos los partidos del espectro político de izquierda les salen sarpullidos con sólo pensar que pueden hacer pactos con el PP de Rajoy, mientras en Grecia la izquierda ha pactado con un partido antisemita, homófobo y teocrático, que se dice pronto.

Alexis Tsipras se puede poner como le dé la gana pero las deudas se pagan, los compromisos se cumplen y no habrá quita. Esos son los recados que al recién nombrado Gobierno le han llegado desde Bruselas o Washington, y se puede decir que fueron mensajes amistosos y conciliadores, abiertos al diálogo y la colaboración, pero pagar tienen que pagar. Simplemente porque si ellos no pagan, pagamos el resto de los países de la zona euro, ninguno de los cuales está para tirar cohetes. Grecia puede desafiar a la Troika todo lo que quiera pero también tiene que reconocer sus errores y no cargar sobre los hombros de otros sus propias responsabilidades. Tsipras no podrá quitarse de encima la devolución de los 320.000 millones recibidos en concepto de rescate para evitar la quiebra. Claro que se puede ser flexible con los plazos, negociar una bajada de intereses, intentar no asfixiar a los griegos, pero hablar de quitas sería absolutamente injusto, como lo sería el impago a sus acreedores internacionales, porque eso significaría que cualquier país en dificultades podría hacer lo mismo y al olor de las sardinas aparecerían populistas de todo tipo para intentar sacar tajada.

Claro que los griegos han dado un castigo a la desprestigiada clase política que ha gobernado el país durante los últimos 40 años, pero eso es una cosa, y otra muy distinta, pretender ahora que se haga borrón y cuenta nueva con las deudas. También en España hemos pasado muchísimas dificultades, y es verdad que nuestra economía es diez veces mayor que la griega, pero estamos creando empleo, --ya sé que de baja calidad, pero empleo al final y al cabo, aunque sea precario--.

Estamos creciendo un ritmo superior a la media en la Unión Europea, nuestras exportaciones siguen en aumento también para las pymes y el sector turístico está batiendo récords desconocidos en los últimos años. No podemos echar las campanas al vuelo, pero quien hace un paralelismo entre España y Grecia simplemente miente o quiere arrimar el ascua a una sardina políticamente interesada.

OTR Press

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